—¡Yo también voy! No creo que la escuela pueda tapar el sol con un dedo.
Entre los murmullos furiosos y las quejas, la larga lista de nombres llegó a su fin.
Pero el anuncio por los altavoces continuó, y la multitud guardó un silencio espeluznante; después de todo, no eran pocos los que temían ser reportados.
—... Las acciones difamatorias de estos estudiantes han sido grabadas por las cámaras de seguridad del comedor. Aunque la escuela no interfiere en los asuntos personales del alumnado, debido a que este comportamiento tiene un impacto extremadamente negativo, la institución se reserva el derecho de tomar todas las medidas correspondientes. En este momento, la decisión de proceder legalmente depende enteramente de la víctima, la señorita Soler. Si ella requiere las grabaciones para presentar una denuncia formal, la escuela brindará todo el apoyo necesario. Una vez que se levante el acta, si se dictamina como injuria y difamación, todos los involucrados en la lista serán expulsados definitivamente...
—... Además, para desmentir cualquier rumor, el rector, Don Abelardo, pondrá a disposición a su equipo de abogados de élite.
Tras terminar el anuncio, la grabación volvió a repetirse por segunda vez.
El mensaje era largo, pero se resumía en dos puntos fundamentales: primero, si Roxana Soler decidía no proceder, la escuela lo dejaría pasar; pero si ella decidía seguir adelante, la institución aplicaría el castigo máximo. Segundo, Don Abelardo, esa figura intocable y poderosa, esta vez iba en serio.
Si alguien quisiera acusar a la escuela de abusar de su poder, no tendría fundamentos. De lo contrario, los habrían expulsado directamente sin esperar una denuncia legal.
Ese simple detalle fue suficiente para callarle la boca a todos sus detractores.
Que se levantara un acta y se dictaminara un delito implicaba tener antecedentes penales. Según el tono del anuncio, era prácticamente seguro que el comportamiento en el comedor sería clasificado como difamación.
Sin embargo, aún había quienes se negaban a rendirse.
—¿Y al final qué fue lo que dijo el rector?
—No importa lo que haya dicho, lo que importa es que ustedes ni siquiera tienen pruebas y se creen cualquier chisme. ¡Qué vergüenza para la Universidad del Sur! —la chica de cabello largo habló con tono severo—. ¿Quién fue el que dijo que iba a publicar esto en internet para que la gente juzgara? ¿Acaso creen que inventar rumores sucios sale gratis hoy en día?
La víctima de hoy podía ser Roxana, pero mañana podría ser cualquier otra compañera. Si no se frenaba esta situación, en cualquier momento podrían echarles esa misma agua sucia a ellas.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESECHADA MANDA