C99-PENSAMIENTOS NOCTURNOS
En otra parte en Riad, en el taller, Kareem roncaba en el rincón con la boca abierta y los brazos cruzados sobre el pecho, completamente ajeno al mundo. Baron lo miró desde la cama, que ahora al menos era una cama de verdad, estrecha y con un colchón que había conocido tiempos mejores, pero cama al fin. Tenía ropa limpia también, sencilla, un pantalón oscuro y una camisa de algodón que le quedaba justa en los hombros.
Y comida.
Kareem le había traído arroz con cordero y pan plano que todavía estaba caliente cuando llegó.
Se suponía que debía dormir, pero no había dormido ni una hora. Miraba el techo con los brazos detrás de la cabeza y los ojos abiertos en la oscuridad.
Pensaba en Mariam.
En cómo la había visto en el hotel, con esa expresión en la cara que él había leído como miedo pero que ella había llamado decisión.
«Me quedo, Baron»
Tres palabras.
Las había repetido en su cabeza cien veces desde entonces buscando el ángulo que las cambiara, la inflexión que dijera otra cosa y no la encontraba.
Pero entonces la imagen se cortó y apareció otra.
Ojos negros.
Una línea de kohl.
Una voz que cortaba sin esfuerzo y un cuerpo que había estado pegado al suyo en un cuarto de herramientas oscuro mientras afuera los policías hacían preguntas.
Sintió el calor antes de poder detenerlo.
Su cuerpo reaccionó solo, sin pedirle permiso, y cuando lo procesó se incorporó en la cama de golpe como si el colchón le hubiera quemado la espalda.
—Pero qué... —murmuró en inglés, pasándose una mano por la cara.
Se quedó sentado en el borde, con los codos sobre las rodillas y la cabeza gacha.
«¿Qué haces pensando en esa mujer?»
Entonces recordó cómo hablaba de Mariam.
Esa intensidad en los ojos.
Esa terquedad de hombre que no entiende de límites cuando quiere algo. Todo ese dolor tan visible y tan real apuntando en una dirección que no era ella.
Yasmine cerró los ojos.
Y como una condena el ultimátum de Hazem apareció detrás de sus párpados con una claridad que no necesitaba esfuerzo, fue entonces cuando en realidad pensó en lo que sería casarse con Hazem. Ser una más entre las esposas que tendría, porque Hazem era el tipo de hombre que tendría varias y lo haría sin disculparse. Vivir en una casa grande con un hombre que la había chantajeado para tenerla.
Y luego pensó en su otra alternativa.
En vivir enamorada de alguien que no la veía, que nunca la vería y que estaba dispuesto a destruirse entero por otra mujer mientras ella arriesgaba lo poco que le quedaba para sacarlo vivo de un país que lo quería preso.
Abrió los ojos y miró la noche afuera durante un momento largo.
—Asegurarme de que estés fuera de este país, americano —prometió en voz baja, con una calma que le costó sostener—. Es lo último que voy a hacer por ti... y lo haré porque aunque no deba... me enamoré de ti... —Se secó una lágrima.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error!