C92- DUCHÉMONOS JUNTOS
En el palacio, Mariam llevaba dos horas mirando por la ventana.
No porque hubiera algo interesante afuera.
El jardín del ala privada de Zayd era siempre el mismo, las palmeras en los mismos lugares, los guardias haciendo el mismo recorrido cada veinte minutos. Lo miraba porque era lo único que podía hacer, y ya había agotado todas las demás opciones: caminar de un lado al otro, contar los mosaicos del suelo, intentar leer algo y no poder concentrarse en ninguna página.
Yasmine seguía sin aparecer en su cabeza con ninguna respuesta buena.
Solo preguntas.
¿Dónde estaba? ¿Qué le habían dicho? ¿Cuánto sabía Hazem?
Cada vez que intentaba dejar de pensar en ella, el pecho se le apretaba de nuevo y volvía al principio. También las palabras de Sila flotaban en algún lugar entre todo ese ruido.
«Los hombres se conquistan de dos maneras.»
Mariam había soltado el aire por la nariz cuando lo recordó. Con todo el respeto que le tenía a su suegra, no estaba en condiciones de pensar en estrategias de seducción cuando su mejor amiga podía estar sentada en una oficina de la Fiscalía respondiendo preguntas por su culpa.
Primero Yasmine. Después todo lo demás.
Por eso necesitaba hablar con Zayd.
Entonces la puerta se abrió y Mariam se giró.
Zayd entró con el bisht todavía sobre los hombros y el ghutra colocado, pero algo en su cara decía que venía de un lugar donde había gastado más energía de la que le sobraba.
Cerró la puerta detrás de él.
Los ojos de ambos se encontraron y la tensión fue inmediata, sin que ninguno de los dos hiciera nada para crearla. Zayd se quitó el agal y el ghutra y los dejó sobre la silla.
Luego se sacó el bisht y lo colgó sin mirarla.
—¿Comiste? —preguntó con la voz plana.
—Sí. —Mariam se cruzó de brazos—. El día estuvo maravilloso, gracias por preguntar. Conté los mosaicos del baño tres veces, discutí con la pared izquierda y perdí, y tu primera esposa vino a recordarme mis derechos legales. Un día de lujo.
Zayd la miró. No respondió al sarcasmo.
—Zayd. —Mariam dejó caer el tono—. Me voy a volver loca aquí dentro. Necesito aire, necesito moverme, necesito saber de Yasmine, ella se metió en esto por mí y no sé nada de…
—Estás encerrada por tus propias acciones.
El golpe fue directo, sin adorno y Mariam se endureció de inmediato.
—Ya te dije que no pensaba huir. Fui a proteger a un amigo, eso es todo.
Zayd no respondió.
En cambio se quitó la thobe exterior y la dobló sobre el respaldo de la silla. Debajo llevaba una camiseta blanca de algodón fino que le marcaba los hombros y el torso sin ningún esfuerzo.
Mariam se desinfló un poco.
Entonces la mano de Zayd se deslizó por su espalda, despacio, subiendo vértebra por vértebra hasta llegar a su nuca. Los dedos se cerraron suaves sobre su cuello y la besó de nuevo, esta vez con más fondo, con más peso y Mariam le correspondió sin decidirlo. Las manos le subieron solas hasta el pecho de él y el beso se hizo más largo, más profundo, hasta que los dos perdieron el hilo de lo que estaban discutiendo.
Zayd la apretó contra él.
Ella le rodeó el cuello con los brazos y él bajó la boca hasta su garganta.
—Anti kullu shay'in uriduh. (Eres todo lo que quiero) —Lo dijo contra su piel, con la voz ronca y baja.
Mariam cerró los ojos y él siguió besando su cuello, su mandíbula, el punto detrás de su oreja.
—Lam ufakkir fi ghayri jildiki mundhu ra'aytuki. (No he pensado en otra cosa que en tu piel desde que volví)
Poco a poco sus dedos encontraron el borde de su túnica y la bajaron despacio hasta dejar su hombro al descubierto y posó los labios ahí, sin prisa.
Mariam jadeó en voz baja con los ojos todavía cerrados.
Zayd volvió a buscar su boca.
La besó hasta que las respiraciones de los dos fueron lo único que se escuchó en la habitación. Luego se separó apenas, con la frente apoyada contra la de ella, y habló con esa voz suya que bajaba un tono cuando no había nadie más escuchando.
—Ven. —Sus ojos oscuros la miraron de cerca—. Duchémonos juntos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error!