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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 55

C55- LA MELODÍA DEL DESIERTO.

Mariam ya se alejaba cuando Zayd habló, para sí mismo.

—Yā imraʾatī, taqtulīnī bidūn raḥma. (Mujer, me matas sin piedad.)

Tres zancadas y la alcanzó.

Le tomó el brazo y la empujó suave pero directo contra una jaula de madera. Mariam parpadeó, sorprendida un segundo, antes de enojarse.

—Suéltame. —Exigió—. ¿Tienes algún problema o qué? Te dije que no me toques.

Zayd no se movió, en cambio se acercó más y la miró directo a los ojos.

—Ḥabībatī. (Mi amor.) —La voz le salió baja—. ¿Cómo me pides que me aleje después de haber probado tu cuerpo, tu aroma, tus labios? Dime cómo.

Mariam sintió esas palabras, en lo más profundo de su ser, pero las aplastó rápido.

—Pues… sigue probando los de Jade —dijo, como si fuera algo sin importancia—. ¿Qué? ¿Anoche no tuviste suficiente oportunidad?

Zayd apretó el puño contra la madera.

—Mariam, yo…

De repente el semental golpeó la reja de golpe con las patas delanteras. El ruido retumbó en todo el establo y el animal empezó a agitarse, resoplando fuerte, moviendo la cabeza de un lado al otro.

Como un movimiento condicionado, Mariam empujó a Zayd sin pensarlo y él retrocedió desprevenido mientras ella ya se estaba acercando al caballo.

—Mariam, no. Ese animal es peligroso, ¡para!

Ella lo ignoró.

Se acercó despacio con la palma abierta. El semental resopló una vez más pero no retrocedió y cuando Mariam le puso la mano en el hocico, el animal se quedó quieto.

Y entonces ella empezó a cantar, bajito.

Casi en susurro.

El semental fue bajando la cabeza poco a poco hasta apoyar el hocico contra su mano.

Y Zayd que había escuchado ese canto, no se movió del sitio.

Algo en su cuerpo reaccionó antes que su cabeza porque la conocía. Estaba seguro de que la conocía. No de un salón ni de una celebración. La había escuchado cuando el desierto era todo lo que existía y él no sabía si iba a sobrevivir.

Cuando alguien le mojó los labios con agua y le cantó de la misma forma.

Jade le había dicho que ella lo salvó, pero… ¿Por qué Mariam sabía de esa melodía? ¿Cómo es que… sonaban prácticamente iguales?

El recuerdo llegó borroso, como siempre.

El desierto.

Se apartó de sus manos.

—Es una canción que le escuché a Jade —mintió—. Me gustó y la aprendí.

Zayd no respondió, pero algo en su cara cambió y sus manos cayeron a los lados.

Jade.

Claro.

Jade lo había salvado, eso era lo que todos le habían dicho, eso era lo que él mismo había aceptado porque no tenía ninguna razón para dudarlo. Pero entonces, ¿por qué cada vez que intentaba recordar, lo que sentía no encajaba con esa versión? ¿Por qué esa sensación de que había algo más, algo que se le escapaba cada vez que intentaba agarrarlo?

No encontró respuesta y Mariam acababa de darle una que cerraba la pregunta.

Se acercó un paso hacia ella.

—Mariam…

—Tu madre me dijo que tenemos una consulta médica pendiente. —Marcó un poco más de distancia—. Quiero ir hoy. Quiero saber cómo está mi bebé.

Zayd abrió la boca, pero ella no le dio tiempo a más, pasó a su lado y salió del establo.

Él se quedó parado entre las jaulas y no hizo nada, porque no había nada que hacer cuando alguien decide irse con todo el cuerpo y tú no tienes ni una sola prueba para detenerla.

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