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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 23

C23-ELLA CONOCE SU LUGAR.

—¿Qué quiere decir?

—Que siempre le has gustado a mi hijo.

El aire en la habitación cambió de peso.

Mariam se quedó con la taza a medio camino y la mirada fija en Sila.

Entonces se rio.

Fue una carcajada real, sin cortesía, de las que salen antes de que uno pueda decidir si es buena idea.

—¿Me ama? —Dejó la taza sobre la mesa—. ¿Me ama? —Repitió, como si la palabra necesitara escucharse dos veces para ser suficientemente absurda—. Perdone, pero si esa es su forma de amar... no, gracias. Me quedo sin ella.

Sila no parpadeó.

Bebió su té con la serenidad de quien ha escuchado cosas mucho más complicadas que una carcajada.

—Mi hijo no sabe decir lo que siente. Nunca aprendió. Pero yo lo conozco desde antes de que supiera caminar. —Sus ojos se encontraron con los de Mariam sin prisa—. Y hay cosas que una madre ve aunque nadie las diga en voz alta.

La risa de Mariam se apagó.

No de golpe.

Despacio, como una llama a la que le quitan el aire poco a poco. Se quedó callada con esas palabras instalándose en algún lugar que no quería examinar demasiado.

(…)

Mientras tanto, en la Torre Kingdom, en el piso cuarenta y dos.

Hazem sostenía un vaso de laban frío entre los dedos y lo miraba girar.

—Escuché que tu segunda esposa tiene carácter. —Bebió un sorbo—. Ya Nasser me dijo que le plantó cara al tío Ibrahim esta mañana. —Se rio imaginando la cara de su tío amargado—. Alá la bendiga. Ya era hora de que alguien lo hiciera.

Hazem respetaba su cultura. Eso era innegable. Pero había partes de ella con las que no estaba de acuerdo al cien por ciento, y esa postura le había costado más de una discusión con su madre, una mujer de la vieja escuela que compartía con Ibrahim la convicción de que el orden tradicional no se cuestionaba, se heredaba.

Zayd giró la pluma entre los dedos.

—Voy a hablar seriamente con Nasser.

Hazem se rio más fuerte.

—Vamos, primo. ¿No te ha mordido todavía?

—Primo, ella conoce su lugar.

Hazem lo miró con una suficiencia que llevaba años perfeccionando. Se inclinó hacia adelante, los codos sobre las rodillas.

—¿Seguro? —Hizo una pausa calculada—. Porque yo más bien creo que el que no sabe cuál es su lugar... eres tú.

—Las frecuencias están interferidas, mi jeque. Tariq cree que es deliberado.

Hazem dejó el vaso sobre la mesa y se puso de pie también. La sonrisa había desaparecido, cuando Zayd ya rodeaba el escritorio, recogiendo el bisht del respaldo de la silla y poniéndoselo en un solo movimiento.

—Prepara los vehículos. Quiero salir en veinte minutos.

Zayd se detuvo y llegó Mariam. El bebé. Y eso fue suficiente para que algo en su pecho apretara.

—No le digas nada a la segunda esposa. Nada sobre esto.

Mansour asintió.

—¿Y la primera esposa, mi jeque?

Zayd no respondió de inmediato.

La verdad era que no había pensado en Jade. Y esa verdad era suficientemente incómoda como para no examinarla ahora.

—Tampoco.

Salió.

Hazem miró a Mansour un segundo, luego recogió su ghutra de la esquina del escritorio y se lo puso caminando.

—Voy contigo, primo.

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