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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 20

C20-¿SOÑANDO DESPIERTO?

La torre Kingdom cortaba el cielo de Riad sin pedir permiso.

Desde el piso cuarenta y dos, la ciudad se extendía en todas direcciones, una cuadrícula de luz y arena que a esta hora de la tarde brillaba con ese tono dorado que solo existe en el Golfo, cuando el sol empieza a ceder pero todavía no acepta que perdió.

La oficina de Zayd Al-Rashid ocupaba la esquina completa del piso. Cristal del suelo al techo, mármol negro en el suelo, una mesa de reuniones que nadie usaba porque Zayd prefería trabajar solo, y detrás del escritorio principal, una silla de cuero que costaba más que el salario anual de la mitad del edificio.

Pero su dueño no estaba sentado en ella.

Estaba de pie frente al ventanal, con el traje gris oscuro de corte europeo sobre la thobe blanca, el bisht doblado sobre el respaldo de la silla, y una pluma de oro entre los dedos que giraba despacio, sin ritmo, como si sus manos necesitaran hacer algo mientras su cabeza trabajaba en otra parte.

O en alguien.

Mariam.

Su nombre llegó solo, sin que lo llamara, como llegaba desde hace tiempo sin que pudiera evitarlo.

La imagen que seguía al nombre tampoco pedía permiso: ella de pie frente a su padre, con los ojos azules sin parpadear y la voz sin un solo temblor. Desafiando al hombre que había hecho doblar la rodilla a ministros y príncipes con una sola mirada.

Y luego, en la habitación, a tres centímetros de su cara, preguntándole si sería capaz de golpearla.

La pluma giró más rápido y llegó otro nombre.

Baron.

Este nombre llegó con un filo diferente y con ella la imagen de un hombre rubio, americano, con el tipo de apellido que abría puertas en Manhattan y el tipo de cara que Zayd había visto en las fotos que no debería haber buscado pero buscó de todas formas, dos años atrás, esa noche cuando el orgullo todavía le ardía fresco.

Sus dedos apretaron la pluma.

—Mal'oun. (Maldito.) —Lo murmuró para el cristal, frío y sin volumen.

Porque si era él, si ese era el hombre que ella amaba, si Mariam había dejado todo por ese rubio sin cara y con demasiado dinero, entonces…

La pluma estuvo a punto de doblarse.

«¿Todavía estás con él?»

La pregunta no tenía destinatario porque no había nadie en la oficina. Pero la hizo de todas formas, en el silencio, con una frialdad que era la única manera en que Zayd Al-Rashid sabía procesar las cosas que no podía controlar.

Su mente lo llevó a dos años atrás y el recuerdo llegó sin que lo invitara, como siempre llegan los que duelen.

Mariam lo había dejado con cuatro palabras y sin mirar atrás.

Él esperó.

No lo habría admitido bajo tortura, pero esperó, convencido de que ella volvería, que el berrinche se le pasaría, que tarde o temprano entendería que lo que tenían no era algo que se encontraba dos veces.

Volvió a Riad.

Pasó una semana. Dos. Un mes.

Desde siempre.

Desde antes de que fuera una posibilidad, desde antes de que fuera un problema, desde la primera vez que la vio cruzar un salón con esa manera de caminar que robaba todas las miradas.

Le gustaba su lengua afilada.

Le gustaba que no tuviera miedo.

Le gustaba que lo mirara como si su título no le dijera absolutamente nada.

Le gustaba, y eso lo ponía furioso, porque ella se había ido de todas formas.

De repente la pluma dejó de girar y alguien se aclaró la garganta.

Zayd se giró y se encontró al hombre sentado al otro lado del escritorio, con una pierna cruzada sobre la otra y una sonrisa que llevaba instalada desde que entró a la oficina y que claramente nadie le había pedido.

Hazem Al-Rashid.

Su primo.

Treinta y cuatro años, traje azul marino sin bisht porque Hazem hacía exactamente lo que quería desde los dieciséis, y una capacidad para leer a las personas que Zayd encontraba útil en los negocios y agotadora en todo lo demás.

—¿Soñando despierto, primo? —el hombre ladeó la cabeza con la satisfacción de quien lleva varios minutos esperando ese momento—. Porque llevas diez minutos mirando Riad como si te hubiera hecho algo.

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