C17- AYÚDAME A ESCAPAR.
De repente la puerta se abrió sin que nadie llamara y Jade entró con la misma naturalidad con que se entra a una habitación propia, cerró detrás de ella y se quedó de pie junto a la puerta con una sonrisa que no llegaba ni a la mitad de su cara.
—Espero no interrumpir.
Mariam alzó una ceja y supo que sin que lo pidiera habría un segundo round. Bien, ya estaba lista, así que le dio la misma sonrisa falsa a su prima.
—Jade. Qué sorpresa.
—Quería asegurarme de que estuvieras bien. —la pelinegra cruzó la habitación despacio, pasando los dedos por el borde de la cama con una familiaridad calculada, pero en el fondo se los imaginaba en ella la noche anterior y su rabia aumentaba—. Esta mañana fue... intensa.
—Sí, pero estoy perfectamente.
—Claro que sí. —Jade se detuvo junto a la ventana y la miró con esa dulzura que era puro filo—. Zayd te defendió y debe haberse sentido bien, ¿no? —Hizo una pausa—. Aunque deberías saber que lo hizo porque es su deber. No porque le importe lo que te pase.
Mariam no respondió y tampoco cayó en su juego. Pero ajena a esto, Jade continuó, con la voz bajando un tono, volviéndose más íntima y por supuesto más venenosa.
—Lo conozco desde hace años, prima. Sé cómo funciona. Cuando algo toca su honor, reacciona. No fue por ti. Fue por su nombre. —Sonrió—. Así que si anoche pensaste que lo que pasó entre ustedes significaba algo, eres más ingenua de lo que creía. Él… solo cumple con su deber.
Mariam ladeó la cabeza y chasqueó la lengua.
—¿Terminaste?
Jade abrió la boca para agregar un poco más, pero Mariam no la dejó.
—Porque mientras tú me explicas cómo funciona mi propio matrimonio —continuó Mariam, dando un paso hacia ella—, yo estoy pensando en algo mucho más interesante. —Se cruzó de brazos—. En cómo Zayd lleva años creyendo que le debes la vida. Que eres su salvadora. Que sin ti, estaría muerto en algún lugar del desierto.
El color de la cara de Jade cambió volviéndose pálido.
—No sé de qué…
—Sí sabes. —Mariam avanzó otro paso—. La única razón por la que ese hombre se casó contigo es porque cree que te debe algo que tú no hiciste. —Su voz no subió ni un tono—. Yo lo saqué de ese desierto, Jade. Yo. Con estas manos. Y tú llegaste después, recogiste el crédito y te lo pusiste como corona.
—¿Pensabas que lo de ponerme debajo de tu zapato iba en serio? —negó y luego miró su manicura —Prima, llevas años confundiendo sumisión con inteligencia.
Jade no habló. Pero su respiración llegaba en sacudidas cortas y la marca roja ya se extendía sobre su pómulo, al mismo tiempo que los ojos se le llenaban de una furia que no encontraba salida.
Entonces Mariam se inclinó hacia ella, solo un poco. Lo suficiente para que sus palabras llegaran sin necesidad de volumen.
—Pero quédate tranquila, no voy a decir nada. Pero… mientras siga aquí, te haré la vida imposible. —Su voz fue casi suave —. Cada desayuno. Cada recepción. Cada vez que Ibrahim me mire como si fuera un problema, yo seré el problema más grande que hayas tenido. —Hizo una pausa—. Por lo que deberías considerar mi propuesta.
Jade parpadeó.
—¿Qué propuesta?
Mariam se incorporó y la miró a los ojos, ahora con seriedad total.
—Ayúdame a escapar. —Lo dijo sin rodeos, sin dramatismo, como si fuera la cosa más lógica del mundo—. Ayúdame a salir de este palacio. A irme de verdad… Y Zayd será todito tuyo.

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