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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 106

C106- YA ESTÁ DECIDIDO

Zayd dejó el bolígrafo sobre el escritorio y se puso de pie.

—¿Cómo lo sabes?

—Tengo informantes —Hazem se encogió de hombros con una naturalidad que irritaba—. Nada escapa ante mí, veo antes de que otros abran los ojos.

Zayd apretó el puño.

—¿Dónde está?

—Eso lo estoy averiguando. Pero lo encontraré. —Hazem levantó una mano antes de que Zayd pudiera hablar—. Y cuando lo encuentre, yo me encargo. Tú tienes al consejo, a las tribus del norte, a tu esposa embarazada y a treinta días que no puedes desperdiciar, déjamelo a mí.

—No voy a dejarte nada. —La voz de Zayd bajó un tono—. Ese hombre es un problema mío.

—Que yo puedo resolver sin que nadie lo sepa. —Hazem lo miró fijo—. ¿Tú puedes decir lo mismo?

Zayd no respondió y eso fue suficiente respuesta. Hazem asintió despacio, como si hubiera ganado un punto en un marcador que solo él llevaba.

—Hay algo más que debes saber —dijo.

—¿Qué más puede haber? Alá ten piedad...

—Me voy a casar con Yasmine.

Zayd parpadeó, fue el único movimiento involuntario que se permitió.

—¿Con Yasmine?

—Sí.

—¿Y ella aceptó?

—Va a aceptar. —Hazem sostuvo su mirada sin moverse—. Tenemos un entendimiento.

Zayd lo conocía demasiado bien para no escuchar lo que había detrás de esa palabra.

—¿Qué tipo de entendimiento, Hazem?

Su primo dudó exactamente un segundo, pero luego habló. Tarde o temprano lo sabría, no tenía sentido retrasarlo.

—Tengo los videos del hotel. El día que Yasmine ayudó a Mariam a ver al americano. Entrada, salida, tiempo, cara. Todo.

La mandíbula de Zayd se tensó con una fuerza que le dolió y rodeó el escritorio para quedar cara a cara con su primo.

—Yo ordené que destruyeran esos videos. ¡¿Por qué están en tu poder?!

—Y yo ordené que los guardaran. —Hazem no bajó la mirada—. Antes de que tú ordenaras lo contrario.

—Ya ibn el sharmouta. (Hijo de puta) —Zayd dio un paso hacia él—. ¿Sabes lo que esos videos pueden hacerle a Mariam si llegan al consejo? ¿Sabes lo que Mansour haría con eso en las manos?

—Por eso mismo nunca van a llegar al consejo. —Hazem levantó la voz apenas, lo suficiente para sostener el terreno—. Cálmate. Escúchame. Yasmine se casa conmigo, queda protegida bajo mi nombre, y los videos desaparecen porque ya no los necesito. Nadie sale lastimado, nadie pierde nada.

—¡Excepto ella, Hazem! ¡Excepto mi esposa!

—Ella gana un jeque. —replicó Hazem igualando el tono de su primo—. Hay mujeres que pagan por menos.

—Ya himaar. (Burro) —Zayd lo miró con una frialdad que podría congelar el mismo infierno—. Si le haces daño...

—No voy a hacerle daño. La quiero como esposa, no como enemiga. Y tú sabes que yo cuido lo que es mío.

—¿Qué?

—Hazem Al-Rashid. Ya está decidido.

—Sí, pero... Yasmine, tú y Hazem nunca han sido... —Mariam buscó las palabras—. Nunca han sido eso, nunca.

—Lo sé. Pero es mejor él que un hombre que podría ser mi abuelo. —Lo dijo con una practicidad que dolía más que si hubiera llorado—. Al menos con Hazem tengo edad. Tengo posición y te tengo a ti cerca.

Mariam abrió la boca, sabía del compromiso de Yasmine con el jeque anciano, pero confiaba en que su amiga convencería a su padre y ese matrimonio no se llevaría a cabo, jamás pensó que la salida era el mujeriego de Hazem.

—La ley saudí permite que él tenga otras esposas. Yasmine, él va a...

—Lo sé. —Yasmine no lo negó—. Pero al menos estaremos juntas, cerca. Como hermanas. —Se inclinó y la abrazó con fuerza, con esa brusquedad suya que era su forma de decir lo que no podía decir con palabras.

Mariam la abrazó de vuelta.

Y supo, con la claridad que Yasmine no era feliz. Que lo había decidido sola, en silencio, cargando con eso sin decírselo a nadie, pero que nada de lo que dijera ahora iba a cambiar lo que ya estaba en movimiento.

—Voy a hablar con Zayd —dijo Mariam en voz baja como último recurso—. Para que haga entrar en razón a Hazem, que busque a otra que...

Yasmine se apartó y negó con una firmeza que no admitía discusión.

—No. No vas a hacer eso. La decisión está tomada, mi madre está feliz. El acuerdo está casi cerrado. —hizo una pausa—. No interfieras, Mariam. Te lo pido.

Mariam la miró durante un momento, luego cerró los ojos. Entonces Yasmine sin querer darle oportunidad, cambió el tono de golpe, con esa habilidad suya para cortar lo pesado cuando se volvía insoportable.

—Bueno. —Se frotó las manos—. Dime en qué te ayudo para el cumpleaños del jeque. Porque tienes seis días y Jade ya debe estar encargando flores desde esta mañana.

Mariam abrió los ojos y a pesar de todo, sonrió.

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