Entrar Via

LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 103

C103- ERES PELIGROSA

Zayd le sostuvo la mirada durante un segundo largo. Luego le pasó una mano por el cabello, desde la frente hasta la nuca, con una lentitud que no tenía nada de calculado.

—¿Y mañana? —murmuró.

—Mañana es mañana. —Mariam bajó la cabeza hasta rozarle la mandíbula con los labios—. Ahora cállate, Zayd.

Él soltó el aire por la nariz con algo que fue casi una risa.

Y se calló.

Mariam se inclinó y lo besó otra vez, más lento, más deliberado. Sus labios se movieron con suavidad sobre los de él, saboreándolo, hasta que Zayd levantó una mano y la hundió en su cabello suelto, atrayéndola más cerca.

—Ya Mariam… —murmuró contra su boca, con voz ronca—. ¿Qué estás haciendo conmigo esta noche?

Ella no respondió con palabras.

Se incorporó ligeramente y tomó sus manos grandes, guiándolas hasta los tirantes del camisón de seda y Zayd entendió al instante. Deslizó los tirantes por sus hombros con lentitud, dejando que la tela se deslizara por su cuerpo hasta caer alrededor de su cintura.

Sus pechos quedaron expuestos ante él, ahora más llenos por el embarazo.

Él se incorporó hasta quedar sentado, con ella a horcajadas sobre sus muslos. Bajó la cabeza y atrapó uno de sus pezones con la boca. Lo chupó con hambre contenida, lento pero profundo, mientras su otra mano amasaba el otro seno.

Mariam echó la cabeza hacia atrás y soltó un gemido suave, femenino, aferrándose a sus hombros.

—Zayd… —susurró, temblando.

Él cambió de pecho, lamiendo y succionando con dedicación, como si quisiera memorizar su sabor. Sus manos bajaron hasta sus nalgas y las apretó con fuerza, atrayéndola más contra su erección que ya presionaba contra la tela de su pantalón.

—Antī jannatī al'ardiyya… —gruñó contra su piel (Eres mi paraíso en la tierra). —Tan suave… tan mía.

Mariam lo empujó suavemente hacia atrás hasta que él volvió a recostarse. Se quitó por completo el camisón y quedó desnuda sobre él. Zayd la observó con mirada ardiente, recorriendo cada curva de su cuerpo, luego la tomó por la cintura y la giró con facilidad, colocándola debajo de él.

Se desnudó con movimientos seguros. En un segundo su cuerpo fuerte y tatuado quedó expuesto bajo la luz cálida de las velas. Se colocó entre sus piernas y la besó profundamente, con lengua lenta y posesiva.

Mariam le rodeó el cuello con los brazos, respondiendo al beso con la misma intensidad.

Entonces él bajó una mano entre ellos y la acarició con los dedos, comprobando que estuviera lista. Cuando sintió su humedad, soltó un gruñido bajo y posicionó su miembro en su entrada. Empujó lentamente, centímetro a centímetro, sintiendo cómo su calor estrecho lo envolvía.

Mariam soltó un gemido largo y tembloroso, clavando las uñas en su espalda.

—Ahh… Zayd…

Él se detuvo un momento dentro de ella, disfrutando de la sensación. Luego comenzó a moverse con estocadas profundas y controladas.

No era brusco, pero era intenso.

Cada embestida era deliberada, buscando llegar lo más profundo posible, mientras sus manos no dejaban de tocarla: apretaba sus nalgas, subía por su cintura, acariciaba sus pechos.

—Kusuki dayyiq wa har… —susurró en su oído con voz ronca (Tu coño está tan estrecho y caliente). —Me vuelves loco, Mariam. Cada vez que estoy dentro de ti… olvido todo.

Ella arqueó la espalda, recibiéndolo con las piernas abiertas y rodeando su cintura. Sus gemidos eran suaves, elegantes, pero llenos de necesidad, porque cada vez que Zayd entraba completamente, sentía cómo la llenaba por completo, cómo rozaba ese punto que la hacía temblar.

Perdido él, bajó la cabeza y volvió a chupar sus pechos mientras aceleraba ligeramente el ritmo. Sus caderas chocaban contra ella con un sonido húmedo y sensual, y Mariam enredó los dedos en su cabello negro y tiró suavemente.

—Más… por favor… —suplicó en voz baja.

Zayd obedeció.

Embistió más profundo, más firme, pero manteniendo el control. Una de sus manos apretó con fuerza una de sus nalgas, manteniéndola exactamente donde quería mientras la penetraba una y otra vez.

El placer creció entre los dos como una ola lenta pero imparable.

Mariam fue la primera en romperse. Se tensó alrededor de él, gimiendo su nombre contra su cuello mientras el orgasmo la recorría en oleadas profundas.

—Sí —admitió sin vergüenza—. ¿Está funcionando?

Antes de que él pudiera responder, ella comenzó a moverse encima de él otra vez, lentamente, deliberadamente. Se elevaba con suavidad y volvía a bajar, montándolo con un ritmo perezoso y profundo que hizo que Zayd apretara la mandíbula.

—Ya Allah… —gruñó, clavando los dedos en sus caderas—. Eres peligrosa, Mariam.

Ella se inclinó hacia adelante, rozando sus pechos contra su torso tatuado, y le susurró al oído mientras continuaba moviéndose.

—Por favor, Zayd… Déjame ver a mi amiga, solo unas horas.

Zayd cerró los ojos con fuerza.

Sentía cada centímetro de su calor apretándolo, cómo ella se meneaba con esa lentitud tortuosa, cómo sus nalgas se movían suavemente contra sus muslos. Estaba completamente loco por ella, porque esa mezcla de inocencia y descaro lo desarmaba por completo.

—Mujer… —gruñó, apretando más los dedos en su carne.

Mariam siguió moviéndose sobre él, besando su cuello, su mandíbula, su boca.

—Por favor… —repitió con voz suave y seductora.

Zayd soltó el aire con fuerza y finalmente cedió.

—Está bien —dijo con voz ronca—. Mañana vendrá, unas horas. Nada más.

Mariam sonrió triunfante y lo besó con más intensidad, acelerando ligeramente el movimiento de sus caderas. Él gruñó contra su boca, tomó sus nalgas con ambas manos y la guió con más firmeza, profundizando cada descenso.

—Te amo —susurró ella contra sus labios, su voz entrecortada por el placer.

Zayd la apretó fuerte contra su cuerpo, enterrándose completamente.

—Y yo a ti —respondió con voz grave, casi una advertencia—. Pero… no me hagas arrepentirme, Mariam.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error!