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LA DESAFIANTE ESPOSA DEL JEQUE ¡Embarazada por error! romance Capítulo 101

C101-CUMPLEAÑOS DEL JEQUE

Las clases terminaron pasadas las tres de la tarde.

Mariam llegó a su cuarto con los hombros tensos y la cabeza llena de protocolos, ángulos de inclinación y el orden correcto para servir el café según el rango del invitado. Se quitó el velo, lo dejó sobre la silla y se sentó en el borde de la cama con los ojos cerrados durante un minuto entero.

Umm Faris era implacable. Pero funcionaba. Y eso era lo más irritante de todo.

Tocaron la puerta suavemente.

—Adelante.

Sila entró con una bandeja en las manos y una sonrisa que no necesitaba explicación. Sobre la bandeja había un plato con luqaimat, esas bolitas fritas bañadas en miel y sésamo que olían a cardamomo desde la puerta, y dos tazas de qahwa con azafrán.

—Cuando estaba embarazada de Zayd —dijo, dejando la bandeja sobre la mesita sin ceremonia—, me volvía loca con esto. Me comía medio plato. —Se acomodó en la silla frente a Mariam y le extendió uno—. Pensé que tú también los querrías.

Mariam tomó el dulce de su suegra y sintió algo aflojarse adentro.

—Gracias. De verdad. —Mordió—. Aunque los míos son los basbousa. Con agua de rosas. Mi madre los hacía los viernes.

—Ah. —Sila asintió con aprobación—. Clásica, buena elección.

Empezó a servir el café y Mariam tomó la taza, bebió un sorbo, y por un momento el cuarto se sintió menos pesado.

Entonces recordó a Jade en el salón.

—Sila. —Dudó un segundo—. ¿Es verdad que el cumpleaños de Zayd es pronto?

La vieja jequesa la miró por encima de su taza.

—Sí. ¿Por qué no lo sabías?

Mariam bajó los ojos hacia el café.

—Una vez, hace dos años, creí que era en otra fecha y le compré algo. —Hizo una pausa—. Él me dijo que me había equivocado de día. Con esa cara suya... ya sabes cuál. —Levantó los ojos brevemente—. La vergüenza fue suficiente para no volver a preguntar nunca.

Sila dejó la taza en la mesita con un golpe suave.

—Ibn al-hamaar. —Lo dijo en árabe con una convicción absoluta, sin molestarse en suavizarlo—. Mi hijo y su idiotez. Cumple el doce de Rajab. Este año cae el jueves que viene. En nuestra familia siempre se celebra con los hombres de la tribu por la mañana y con la familia cercana por la tarde.

Es tradición desde el abuelo de Ibrahim.

Mariam asintió, grabándolo.

Sila bebió un sorbo de café y luego sonrió de una forma que cambió toda su cara.

—¿Sabes qué hizo Zayd en su cumpleaños número siete?

—No.

—Ibrahim había organizado una recepción pequeña. Invitados importantes, todo formal. —Sila se acomodó en la silla—. Zayd había decidido que ese día, por ser su cumpleaños, podía hacer lo que quisiera. Así que apareció en la recepción con la cabeza rapada de un lado. Solo de un lado, porque su primo Hazem le había dicho que los guerreros antiguos lo hacían así.

Sila la dejó sufrir exactamente tres segundos.

—Ibrahim es un hombre duro —dijo entonces, con una voz que bajó un poco—. Pero dicen que la roca más fuerte cede. Al principio yo solo quería volver a mi vida. Pero entendí que mi destino estaba sellado con él, así que si esa era mi vida, pues conseguiría lo que quería y lo hice de la mejor manera. —Le guiñó un ojo divertida—. Ya ves. Mi esposo es duro, pero es un algodón cuando está solo conmigo.

Mariam la escuchó sin interrumpir y Sila la miró fijo ahora volviéndose seria.

—Un jeque se debe mostrar como jeque ante el mundo, Mariam. Pero solo en la compañía de la mujer que ama es el hombre. Aprende eso.

El cuarto quedó en silencio un momento y Mariam pensó en Zayd. En cómo era cuando no había nadie mirando y supo que Sila tenía razón.

Zayd era Zayd cuando estaba con ella.

—Tiene razón. Y si Jade organiza algo para su cumpleaños... yo también organizaré algo.

En Riad las esposas de los jeques preparan una majlis privado para la familia cercana. Algo íntimo, con los platillos favoritos del esposo, música tradicional, y un regalo que tenga peso. No es competencia con la recepción formal, es otra cosa, es personal, es lo que solo puede hacer alguien que lo conoce de verdad.

Y ella iba a hacer algo así para su marido.

—Me gusta tu actitud querida, aprovecha el tiempo y sácale información...

Sila la miró durante un momento largo, luego dejó la taza sobre la bandeja y le tomó la mano.

—Sé que lo harás bien, Mariam. Confío en ti.

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