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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 198

Grace soltó un suspiro de alivio, apoyando la frente en el pecho de su esposo por un segundo. Sin embargo, Dominic no se veía completamente relajado. Ella levantó la vista, notando el brillo analítico en sus ojos.

—Pero hay algo que no me cuadra —continuó Dominic, frunciendo el ceño—. Ahora que analizo las cosas con cabeza fría, este ataque no fue de la gente del pasado de Maxwell. A esa mafia no le interesa en absoluto que las operaciones logísticas se congelen; ellos solo quieren su dinero. Esto fue obra de alguien que quería específicamente que los puertos se detuvieran por completo para destruirnos financieramente.

Grace parpadeó, confundida, procesando la deducción de su esposo.

—Pero Dominic, ¿quién más podría tener tanto odio o interés en hacernos caer? Charlotte está encerrada en su mansión con grillete electrónico y bajo estricta vigilancia policial. Ella no pudo haber movido estas influencias desde su encierro.

Dominic caminó un par de pasos por la sala, uniendo las piezas del rompecabezas.

—Charlotte no, pero piensa en esto: el padre de Sarah odia a Maxwell con todas sus fuerzas. Nunca aceptó que se enredara con su hija y lo quiere ver hundido.

Grace abrió los ojos de par en par, asombrada por la implicación.

—¿Sospechas de ese hombre? ¿Crees que fue capaz de denunciar a Maxwell ante la fiscalía?

—Es muy posible, Grace. La presión que tenía el fiscal esta mañana para cerrar los puertos venía de muy arriba, de alguien con un poder político y económico enorme. Encaja perfectamente con el perfil de ese viejo.

—Pero, ¿cómo supo? —cuestionó Grace, dando un paso hacia él, tratando de encontrarle lógica a la situación—. ¿Cómo se enteró de los movimientos financieros que Maxwell hizo en el anonimato hace años? A menos que ese hombre también tenga negocios turbios o se mueva en los mismos círculos oscuros, es imposible que tuviera acceso a esos archivos contables.

Dominic apretó la mandíbula, dándose cuenta de que la clave de todo la tenía la mujer que dormía en la habitación de al lado.

—Esa es la pregunta que necesitamos responder —sentenció Dominic con firmeza—. Iré a hablar con Sarah. Ella conoce mejor que nadie el alcance de su padre y lo que ese hombre es capaz de hacer por venganza.

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—¡Me importa un demonio ese muchacho! —exclamó el anciano, golpeando la mesa de nuevo—. Si Foster ya no es el dueño, ¿quién se quedó con las acciones? Alguien tuvo que comprar esa firma de logística para que la disolución fuera legal. ¿A quién le pertenece Foster & Scott ahora?

Hubo un silencio pesado al otro lado de la línea. El abogado tragó saliva antes de soltar la bomba.

—A su hija, señor. La nueva dueña absoluta de Foster & Scott es Sarah.

Arthur se quedó completamente helado en medio del despacho, con la sangre congelándosele en las venas antes de que una ola de furia ciega le subiera por el cuello.

—¿Qué dijiste? —articuló el viejo en un susurro gélido, inyectado en odio—. Repítelo.

—Sarah compró la empresa utilizando como pago el oro físico de las reservas de su cadena de joyerías. Ella asumió el control total. Su propia hija fue la que salvó el negocio de Maxwell Foster y bloqueó su jugada, señor.

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