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HUÍDA SUYA, LOCURA MÍA romance Capítulo 1

La lluvia caía incesante en la montaña, envolviendo a Lomas Altas en una neblina brumosa.

Valeria Delgado despidió a los últimos estudiantes y se quedó sola bajo el alero de la escuela, con la mirada perdida en el aguacero.

Llevaba casi un año como maestra voluntaria.

Era el pueblo natal de su abuelo, un lugar de vida modesta, pero que le daba un respiro muy necesario.

No tenía que soportar las miradas juzgadoras de los Ferrero, ni escuchar los chismes venenosos de esos parientes...

Y tampoco tenía que enfrentar esa frialdad de él, esa forma tan indiferente de tratarla como si fuera un simple adorno.

—Maestra Valeria, ¿aún no se va? —preguntó un colega que pasaba con su paraguas, mirando al cielo—. Parece que la tormenta va a empeorar.

—Ya me voy —sonrió Valeria, dándose la vuelta para recoger sus apuntes del escritorio.

En ese instante, el rugido de un motor rasgó el silencio de la montaña.

Levantó la vista y vio una camioneta Mercedes Clase G negra atravesando el barro hasta frenar de golpe frente a la escuela.

La puerta se abrió y un hombre alto e imponente se bajó del vehículo.

La lluvia mojó su cabello oscuro, dejando caer unos mechones sobre su frente.

Su traje de corte impecable desentonaba por completo con aquel pueblo gris y apartado.

Era un diseño italiano a la medida; Valeria lo sabía, pues en el vestidor de aquel hombre había toda una fila de esa misma marca.

A Valeria se le cortó la respiración.

¿Es él?

No. Es imposible que sea él.

Cerró los ojos de inmediato, tomó una profunda bocanada de aire y volvió a abrirlos.

La silueta seguía ahí, bajo la lluvia. Esa mirada, ese perfil... los reconocería hasta con los ojos cerrados.

Realmente era él.

¿Qué hacía allí?

Cuando decidió irse de voluntaria, le había pedido su opinión.

En aquel momento, él estaba revisando unos reportes financieros; ni siquiera levantó la vista, solo hizo un gesto indiferente con la mano: —Haz lo que quieras.

No hizo más preguntas ni mostró ningún interés. Fabrizio Ferrero siempre había sido así con ella.

Sus momentos de mayor intimidad ocurrían por las noches, pero al amanecer, él volvía a ser el inaccesible heredero de los Ferrero.

Por eso se había ido a Lomas Altas, y ni siquiera pensó en volver durante las vacaciones.

Volver significaba estar sola; a fin de cuentas, él jamás se interesaba por su vida.

Del otro lado del aguacero, la mirada de Fabrizio pareció atravesar la cortina de lluvia, clavándose directamente en ella.

Y empezó a caminar en su dirección.

Capítulo 1 1

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