Julia giró la cabeza y miró a Alfonso.
Se mordía el labio, y aunque trataba de ocultarlo, la envidia que sentía se le notaba hasta en la mirada.
—La familia Santana rara vez aparece en público. De pronto surge una noticia importante y encima cambian al responsable, eso seguro hará que todos tengan una mala impresión de Sofía. Yo sugiero que sería mejor observarla un tiempo, así la gente que está bajo su mando confiaría más en ella y los que se enteren después tendrían oportunidad de asimilarlo.
Recogió con sutileza las emociones oscuras que cruzaban por su cara, mostrándose sumamente atenta, como si de verdad fuera una persona bondadosa preocupada por la familia Santana y por Sofía.
—Señorita Castillo, con lo que acaba de decir... pues tengo que diferir un poco —Sofía sonrió, relajada, jugueteando con sus propios dedos, y alzando la mirada añadió—: Ya que usted misma dijo que la familia Santana casi no se deja ver, y ahora me ponen a mí como esa “bomba” que viene a romper la calma, sería un honor asumir ese papel.
Sofía se puso de pie e hizo una pequeña reverencia.
Era un gesto simple, pero Alfonso percibió perfectamente que Sofía no se quedaba callada, sino que respondía con elegancia.
Ella aguantó la mirada de Alfonso sin ningún problema. Se notaba tranquila, segura de sí misma, y hasta irradiaba una especie de frialdad atractiva que la distinguía del resto.
—Señorita Sofía, aunque esta vez vinimos para cerrar los detalles del último proyecto juntos, ya que surgió este asunto, como familias aliadas, no podemos evitar mostrar un poco de preocupación —añadió la señora Castillo, más serena que Julia, aunque los nudillos apretados sobre la taza del café delataban su verdadera tensión.
Sofía asintió con cortesía, apreciando el gesto.
—Si yo fuera la directora Santana, al menos hoy no dejaría que asumieras oficialmente como heredera.
—Ser heredera no es solo un título de poder, también implica responsabilidad y estar a la altura de lo que eso exige.
La señora Castillo titubeó, su mirada se detuvo en Sofía, sin decir nada más, pero dejando en el aire los cuestionamientos.
Los periodistas presentes, todos expertos en leer entre líneas, captaron de inmediato las insinuaciones de la señora Castillo.



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