—No hace falta, la vez pasada escuché que la abuela y los demás probablemente ya están pensando en irse. Mejor quédate con ellos y acompáñalos a pasear un rato.
Al decir esto, Sofía le metió una llave en la mano a Alfonso. Al notar la mirada confundida de Alfonso, ella le asintió con la cabeza, indicándole que la aceptara.
—En un momento te mando una dirección. Casi toda la herencia que me dejó la abuela está resguardada ahí.
—Llévalos a ver, ¿sí?
Al mencionar a las personas y recuerdos dolorosos, la expresión de Sofía se apagó de inmediato, y su voz se volvió densa, como si cada palabra le pesara.
Alfonso sostuvo la llave de metal, sintiendo su frialdad, y ya no insistió en seguirla.
Sabía perfectamente que, si ella le confiaba una tarea así, era porque de verdad confiaba mucho en él.
—Está bien.
Alfonso aceptó con toda seriedad.
—Por cierto, mantente en contacto. Es probable que mañana también te necesite para algo.
Sofía abrió los labios y agregó, como quien deja caer una advertencia.
Alfonso arrugó un poco la frente, mirándola fijo. Una corazonada le decía que algo importante estaba a punto de pasar.
Pero si ella no quería hablarlo de frente, él tampoco iba a forzarla.
—Cuando sea, mándame mensaje o llámame.
...
Hotel.
—Toc, toc—
Olivia, con la cuchara entre los dientes, fue a abrir la puerta. Antes de ver quién era, una fragancia helada se coló en la habitación.
La cuchara se le cayó de la boca al suelo y, justo después, escuchó una voz femenina cargada de dureza encima de su cabeza.
—¿Muy a gusto, no?
El cuerpo de Olivia tembló de inmediato. Asomó la cabeza con miedo y, como lo temía, se topó con una mirada severa.
—Mamá...
—Ajá.
La mujer entró empujando la puerta, su mirada recorriendo la mesa repleta de comida fina.
—Casi causas una tragedia, ¿y tú tan campante?
Un sudor fino apareció en la frente de Olivia.
—Pues... tampoco podía dejar de comer, ¿no? Mamá, de verdad no fue mi culpa...
Con todo y el miedo, Olivia se animó a jalarle la manga, suplicándole con la mirada.
Mirella Ardila la miró fijamente, entornando los ojos. En vez de apartar la mano de Olivia, agitó el vestido y se sentó de golpe en la única silla de la habitación.

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