—¿Y eso qué? ¿Acaso Sofía está muerta o quedó inválida? —Olivia, al escuchar esto, se alteró de inmediato. Miró al policía con rabia y hasta se señaló la cara con el dedo—. ¡Mírame! ¡Mírame cómo me dejaron! Ellas me golpearon hasta dejarme así y tú ni siquiera las detuviste. Lo que pasa es que eres un discriminador, ¿verdad? Solo porque no soy de Olivetto te atreves a tratarme así. Vas a arrepentirte.
Mientras más lo pensaba, más furia le subía al rostro; empezó a forcejear de nuevo, como si eso pudiera cambiar algo.
El policía solo sintió un dolor de cabeza insoportable ante su berrinche.
Aunque, legalmente, no estaba tan equivocada. Esther sí le había dado una buena golpiza, y con esa cara hinchada que tenía Olivia, bien podían arrestarla por pelea. Aunque se rumoraba que fue Esther la única que pegó.
Pero ¿quién era Sofía? Nada menos que la exesposa del presidente Cárdenas. Ahora todos sabían que él seguía enamorado de ella, y hasta había dado la orden explícita de no meterse con Sofía. Por eso mismo, ni siquiera revisaron las heridas de Olivia y la arrastraron directo al cuartel.
—Ya cállate, si tanto quieres salir de aquí, que alguien venga a pagarte la fianza. Pero antes de eso, tienes que esperar a que Oliver venga a declarar contigo.
El policía, harto de sus gritos, le soltó ese comentario sin mirarla más y se fue de ahí con pasos apurados.
Mejor ni verla, eso pensó.
Olivia se quedó con las palabras atoradas, tan molesta que hasta quiso golpear el suelo con los pies. Pero como tenía los brazos esposados, solo se frustró más.
...
—Oficial.
Justo cuando el policía salía, se topó de frente con Oliver.
—¿Oliver? Por fin llegas.
El policía cambió la cara de cansancio por una expresión seria.
—Ven conmigo al cuarto de interrogatorio.
Sin darle tiempo de respirar, lo jaló del brazo y lo metió directo al cuarto donde estaba Olivia.
El cuarto era cerrado y apenas había luz, solo una lámpara alumbrando el centro. Ellos dos, cara a cara.
Oliver tenía el gesto endurecido, mientras que Olivia lo miraba con una mezcla de rencor y ganas de pelear.


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