Oliver le dio unas palmaditas en el hombro mientras sonreía:
—Ya, ya, si apenas me relajé un poquito y vine corriendo a estar contigo, ¿no?
Ambos se empujaron de broma, y hasta Víctor, que los miraba de reojo, soltó unas carcajadas.
Oliver le lanzó una mirada fulminante:
—¿Y tú qué? ¿Por qué no te vas a tu cuarto a hacer la tarea?
La sonrisa de Víctor se desvaneció al instante, y, resignado, cerró la puerta de su cuarto de mala gana.
—Ahora sí, hoy te voy a acompañar como se debe.
Leonor se quedó mirando a Oliver, sintiendo que algo dentro de ella volvía a aflojarse. Sin poder evitarlo, jaló suavemente la corbata de Oliver y le soltó:
—¿De verdad?
—Por supuesto.
Oliver notó que Leonor tenía algo diferente, pero al mirarla más de cerca, seguía viendo a la mujer coqueta y encantadora de siempre. Reprimió esa extraña sensación en el pecho, convenciéndose de que solo era el cansancio de los últimos días.
De pronto, Leonor se lanzó a sus brazos, abrazándolo con fuerza:
—¡Bien!
—Riiing riiing—
Justo en ese momento, el celular en el bolsillo de Oliver comenzó a vibrar.
El semblante de Leonor se ensombreció al instante, pero Oliver, sin notarlo, sacó el teléfono y, al ver el nombre de Isidora en la pantalla, contestó con voz calmada:
—¿Qué pasa, Isi?
—¡Papá! ¡Tenemos un problema!
La voz de Isidora sonaba desesperada.
Oliver frunció el ceño:
—¿Qué pasó? Tranquila, dime bien.
—¡Olivia nos delató!
—¿¡Qué!?
Oliver, que apenas hace un segundo intentaba tranquilizar a su hija, casi saltó de la impresión.


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