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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 690

Esther no sabía si era porque Alfonso le había dado de comer o qué, pero esa tarde, de forma inusual, hasta habló bien de él.

Sofía no pudo evitar sorprenderse.

A sus ojos, Esther siempre había sido como un erizo, dando vueltas entre sus amigos y pinchando a todos al menos un par de veces.

—¡Oye, ¿qué clase de cara es esa?!

Esther se sintió algo incómoda bajo la mirada de Sofía, y se rascó la cabeza antes de explicar:

—Ni idea de cómo se enteró del accidente, pero llegó antes que todos. Y estos dos días en el hospital no ha parado: va de aquí para allá, siempre al pendiente. Se supone que Maite y yo nos turnamos para cuidarte, pero la verdad, todo lo pesado lo hace él: ir por la comida, cambiarte las curaciones, lo que sea.

Esther se tocó la barbilla, pensativa.

Sofía apretó un poco más los dedos, hundiendo la fruta entre sus manos.

Bajó la mirada.

—Cuando Alfonso regrese, dile que ya no hace falta que venga a ayudar.

...

De pronto, la puerta de la habitación se abrió de golpe con un estruendo.

Alfonso entró cargando un termo grande, el ceño fruncido y los ojos encendidos de coraje y prisa. Lanzó una mirada fulminante a Esther.

—¿Y tú qué le andas diciendo?

Esther, sin entender nada, solo pudo encogerse de hombros y tragarse las ganas de contestar, recordando que fue ella quien abrió la boca primero. Se frotó la nariz y decidió ignorarlo.

Esther pasó de largo a Alfonso, y él tampoco pensaba discutir con ella. Dejó el termo en la mesita junto a la cama y se apresuró a sentarse junto a Sofía.

La miró fijo, con una intensidad que casi quemaba.

—¿Qué quisiste decir con eso de que no venga más?

Sofía, sintiendo el peso de esa mirada llena de rabia y ansiedad, de pronto se quedó sin palabras.

Ese silencio corto hizo que los ojos de Alfonso se nublaran todavía más.

Él tomó la muñeca de Sofía y agachó la cabeza sin darse cuenta.

—¿Por qué ya no quieres que venga? ¿Me quieres sacar de tu vida? ¿Ya no te importa si estamos juntos o no?

Su cabello caía desordenado, cubriendo parte de su cara, y Sofía pudo sentir el aire triste y desolado que lo envolvía. Eso la dejó muda.

Alfonso no la soltaba, aferrado a su brazo, pero tampoco se atrevía a levantar la cabeza, como si temiera encontrar en sus ojos la confirmación de sus peores miedos.

—Dímelo…

Esta vez, el miedo era genuino.

Sofía ya le había dicho más de una vez que quería distanciarse de él. Y cada vez que lo escuchaba, sentía cómo se le desmoronaba el mundo.

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Capítulo 690 2

Capítulo 690 3

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