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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 650

La abuela notó el ligero temblor en los movimientos de Bea y la tensión apenas disimulada en los ojos tranquilos de Sofía. De reojo, miró a Santiago y se imaginó perfectamente la preocupación que la tenía inquieta.

—Si Bea quiere estar con su mamá, yo no quiero ser la mala abuela —dijo con una sonrisa amplia, y con mucha suavidad pasó a Bea a los brazos de Sofía.

Al sentir el peso y el calor de su hija, Sofía por fin pudo relajarse. Su abrazo se cerró instintivo, como si temiera que al soltarla, todo lo demás también se le escaparía.

No pudo ignorar la forma en que Santiago había mirado a Bea hace un momento. Ese gesto lo delataba: lamentaba algo, tal vez se arrepentía. Si en algún momento él intentaba pelear por la custodia de Bea, sería un verdadero problema.

Sofía pensó en todo lo que había pasado. Su vida ya había sido lo bastante dura; si no fuera por Bea, probablemente ya no estaría aquí, quizá habría terminado sus días en prisión, perdida para siempre. Así que, pasara lo que pasara, jamás permitiría que le arrebataran a su hija.

Nieve Urdiales observaba el intercambio con una mueca torcida en los labios. ¿Y todo por una niña? ¿De verdad era tan especial? Ella también podía tener un hijo con Santi, ¿qué diferencia habría?

La frustración le hacía apretar los dedos bajo la mesa. De pronto, una idea le iluminó la mirada. Era como si hubiera encontrado un tesoro oculto. Sus ojos recorrieron los rostros de todos hasta clavarse en Bea.

Ahora lo veía claro: la abuela Castillo solo era cordial con Sofía por compromiso, pero desde que apareció Bea, se había vuelto inusualmente entusiasta. Ni la abuela ni Santiago querían a Sofía de vuelta por ella misma, sino por la niña. ¡Eso era!

Entonces, si tener un hijo le aseguraba la atención y el cariño de la abuela y de Santiago, todo cambiaría. Si ella tuviera un bebé con Santi, los dos la mirarían con otros ojos…

Los pensamientos de Nieve la hacían latir el pecho con fuerza, como si una hoguera se encendiera bajo su piel.

...

Aunque la fiesta de cumpleaños de la abuela no había sido planeada con grandes lujos, la mesa estaba repleta de platillos de todo tipo. El largo comedor no se llenaba con la gente, sino con la abundancia de comida.

—Prueben de todo —invitó la abuela, sonriendo. Luego, con gesto amable, sirvió un trozo de pescado en el plato de Sofía—. Sofía, aunque ya tienes tiempo desde que nació Bea, una nunca termina de recuperarse de verdad. Come un poco de este pescado, le hace muy bien a las mujeres.

Capítulo 650 1

Capítulo 650 2

Capítulo 650 3

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