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El Valiente Renacer de una Madre Soltera romance Capítulo 613

Marcos encendió el celular. En la pantalla apareció un rostro juvenil bañado en lágrimas.

—¡Raúl!

Lázaro se quedó pasmado, como si un león a punto de estallar se hubiera apoderado de él.

—¿Qué demonios quieres?! ¿Qué te hemos hecho últimamente?! ¡Hasta con mi hijo te estás metiendo!

Se revolvía sin control, y Marcos no tuvo de otra que taparle la boca con la mano.

—Papá, el amigo Marcos de verdad vino a ayudarles. Por favor, hagan caso y váyanse con él ya.

Federico, al lado, daba vueltas presa de los nervios.

Lázaro se quedó inmóvil, apenas giró el rostro para mirarle a Marcos por el rabillo del ojo.

Marcos asintió y luego enfocó la pantalla.

—Dile a tu papá, ¿te hemos tratado mal en algún momento?

—No. He estado aquí con Sofía, nunca me han hecho nada malo. Me han cuidado mucho.

Federico asentó con ternura, como si todo su temor se hubiera desvanecido.

Aun así, Lázaro no se tranquilizaba. Escudriñaba el rostro de Federico, buscando aunque fuera una señal de que le obligaban a decir eso.

De repente, una voz femenina y serena se coló en la llamada. El rostro sereno y bello de Sofía apareció en la pantalla.

—Haz que te saque de la fábrica. Tengo que hablar contigo.

Marcos, al escucharla, de inmediato cambió su expresión, volviéndose más suave.

Pero para Lázaro, fue como si se enfrentara a un enemigo mortal.

¡Con razón!

—¡Tú quieres vengarte de nosotros!

Soltó un grito colérico.

En el fondo, él solo había buscado dinero fácil cuando aceptó la propuesta de Oliver. Después, aunque pasaron los años, cuando Oliver volvió a aparecer con una oferta mucho más jugosa y la promesa de cerrar de una vez por todas ese episodio, Lázaro volvió a dejarse arrastrar.

—¿Por eso te tomaste tantas molestias para meterte a la fábrica y sacarme de ahí?

—Exactamente.

Sofía asintió sin rodeos, mostrándole claro sus intenciones.

Esta vez, Lázaro ya no forcejeó. Se quedó callado, como si estuviera sopesando sus opciones. En su mente, pesaba el peligro de Sofía contra el de Oliver.

Pero Sofía solo necesitó una mirada para entender lo que pensaba.

—El Grupo Rojas ya no existe. Oliver perdió toda la plata y el poder que tenía. Y dime, ¿de verdad quieres pasar el resto de tu vida encerrado en esa fábrica con tu esposa, sin poder ver a tu propio hijo?

Habló con voz suave, pero había algo hipnótico en su tono.

En ese instante, la voz entrecortada de Federico sonó de nuevo.

—Papá, mamá, Raúl los extraña muchísimo. Sofía me ha tratado muy bien, seguro también a ustedes les irá bien si confían en ella.

Lázaro apretó los dientes. Por primera vez, la balanza en su interior empezaba a inclinarse.

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