La voz escandalosa y las palabras exageradas de Antonio Núñez hicieron que Sofía Rojas alejara el celular de su oído, sintiendo un leve dolor de cabeza.
Fue Liam Vargas quien, anticipándose, tomó el celular suavemente de sus manos. Su tono sereno fluyó como un arroyo tranquilo:
—¿Qué pasó?
Del otro lado de la línea, Antonio quedó en silencio absoluto al reconocer la voz. Luego soltó una risita incómoda:
—Eh... presidente Vargas, ¿también está usted ahí?
—¿Qué sucedió? ¿A qué te referías con eso de que “explotó”?
La voz de Liam transmitía una seriedad que no dejaba espacio para evasivas.
Al escuchar eso, Antonio se mordió los labios, evidentemente incómodo, y luego se puso serio:
—Sofía, ¿fuiste a la audiencia en el Instituto de Investigación Galileo?
Al escuchar su nombre, Marcos Gil dirigió su mirada hacia ella, con el entrecejo arrugado. Había algo extraño en todo esto, así que encendió la función de noticias del celular.
Lo primero que vio fue el nombre “Sofía” seguido de un enorme letrero rojo que decía “¡Exclusiva!”.
La voz de Antonio continuó, atravesando el silencio de la mesa:
—Sofía, en internet están diciendo que te revocaron la licencia de abogada, que ni siquiera deberías estar en esa audiencia. Y al parecer, tu equipo también podría resultar afectado por eso.
Sofía entrecerró los ojos, su mente empezó a trabajar a toda velocidad, repasando las personas que podrían haber filtrado esa noticia a los medios. Ya tenía una sospecha clara.
Casi de inmediato, dirigió la mirada a Marcos, encontrándose con sus ojos justo en ese momento.
—No soy tu abogada principal, solo vine a acompañarte.
Sofía sostuvo la mirada de Marcos y le dio una señal de tranquilidad con los ojos.
Pero Marcos negó con la cabeza.
Ella pensó que él temía por el resultado de la audiencia, pero en realidad, a Marcos le preocupaba mucho más la situación de Sofía.
Durante todo ese escándalo, Marcos había tenido que viajar al extranjero por cuestiones de trabajo, así que no estuvo presente cuando Sofía fue atacada en redes. Solo al regresar y escuchar los rumores, se enteró del calvario por el que ella había pasado.
Toda la red la atacó; incluso se decía que había sufrido un intento de secuestro.
Podía limpiar su nombre, sí, pero quienes movieron los hilos seguirían impunes.
—Bueno... si alguien de peso en Olivetto sale a defenderte, tal vez no sea tan complicado...
Antonio dejó la frase inconclusa, como si quisiera sugerir algo pero dudara en decirlo.
Sofía le lanzó una mirada aguda:
—Gracias por la ayuda, pero de aquí en adelante yo me encargo.
Colgó la llamada.
Liam la observó con preocupación:
—¿Te urge resolver esto? Si quieres, pido que retiren la comida. Si necesitas cualquier cosa, solo dime.
—No hace falta. —Sofía sonrió levemente y volvió a sentarse—. Si el Dr. Gil nos invitó, no hay motivo para irnos corriendo.
Marcos y Liam quedaron sorprendidos. Para cualquiera, la situación sería un incendio imposible de apagar, pero Sofía parecía tan tranquila como si nada.

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