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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 432

Tadeo y Petra se encargaron de los arreglos finales para Marisol de manera sencilla y discreta.

La muerte de Marisol fue un golpe duro para Petra. Al fin y al cabo, ella había criado a la niña con sus propias manos; aunque no compartieran la misma sangre, el dolor era igual de profundo.

Tadeo y Alexis, quienes conocían la verdad detrás de lo sucedido, jamás se la revelaron a Petra.

—Estela es una persona terrible. Perdió a su hija, ¿y por qué tuvo que arrastrar a mi Marisol con ella? —se lamentaba Petra, sin poder contener el resentimiento en su voz.

Tadeo permaneció en silencio. Frente a la tumba de su hija adoptiva, encendió una vela y la colocó con cuidado.

En su mente, repetía una plegaria: “Marisol, ojalá en tu próxima vida encuentres una familia buena. Que no te falte amor, que no te obsesiones, que puedas vivir libre y sin cadenas.”

Alexis tenía el rostro impasible, como si ninguna emoción lograra colarse en su expresión. Había regresado solo para este momento, y se quedó parado frente a la lápida de Marisol durante mucho tiempo.

La muerte de su exesposa parecía haber borrado de un plumazo los veintiséis años de su vida, regresándolo de golpe al punto de partida, al principio de todo.

—Alexis, vente conmigo a casa —le dijo Petra, refiriéndose a la casa de su familia, ya que se había divorciado de Tadeo.

Alexis negó con la cabeza.

—Mamá, si aquí no eres feliz, vente conmigo a otro país.

Petra vaciló, la propuesta le hizo dudar.

—Lo voy a pensar —contestó al final.

Desde entonces, Alexis y su padre se volvieron aún más callados que antes.

Alexis no regresó a la casa familiar. Puso como excusa que tenía muchas cosas pendientes y se fue directo al extranjero. Nadie supo qué pasaba por su mente.

Mientras tanto, en la cárcel, Enzo se enteró de la muerte de Marisol y perdió la razón.

Se volvió completamente inestable, gritaba, se golpeaba a sí mismo.

—¡Todo es culpa tuya! ¡Todo es culpa tuya! —se repetía una y otra vez.

...

Carolina, ya en la etapa final de su embarazo, se sentía bastante incómoda, así que pidió su licencia y empezó a esperar el parto en casa.

Mauro también trasladó todo su trabajo a la casa para estar cerca de ella.

A veces, la acompañaba a dar una vuelta por el parque, y cuando los calambres la despertaban en mitad de la noche, Mauro no dudaba en masajearle las piernas con ternura.

En las noches en que Carolina no lograba conciliar el sueño, Mauro sacaba algún libro de cuentos y, como si fuera una niña, la arropaba en sus brazos para leerle en voz baja hasta que su respiración se volvía tranquila y profunda.

Faltando una semana para la fecha estimada de parto, Carolina volvió a despertarse en plena madrugada.

—¿Qué pasa? —preguntó Mauro, medio dormido.

Carolina negó con la cabeza.

—Quiero ir al baño.

Capítulo 432 1

Capítulo 432 2

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