Carolina se sentía conmovida. Le alegraba en el fondo que su maestro hubiera encontrado, por fin, su propia felicidad.
—¿Por qué lloras?
Mauro sacó un pañuelo y le limpió las lágrimas con cuidado.
En los últimos días, había notado que su esposa se emocionaba con cualquier cosa.
—No pasa nada, solo estoy conmovida. Son lágrimas de alegría.
Mauro frunció el ceño y le soltó en tono medio juguetón:
—Cuando nos casamos, ni siquiera te vi llorar así de triste.
A Carolina le daba risa. Ese hombre siempre encontraba motivos insólitos para ponerse celoso.
—Mañana es la primera revisión del embarazo, ¿te pones nerviosa?
Mauro le acarició el vientre con su mano áspera, con una ternura que contrastaba con su voz tranquila.
—No estoy nervioso. Nuestro bebé va a ser el más sano de todos.
—No te pongas nerviosa, amor. Vamos a ir al hospital de Joel.
—Sí, está bien.
...
A la mañana siguiente, Carolina salió de casa con su mochila al hombro, del brazo de Mauro.
Durante la ecografía, la doctora se quedó mirando la pantalla con sorpresa, lo que hizo que Carolina sintiera un vuelco en el estómago.
—¿Qué pasó, doctora? ¿El corazón del bebé está bien?
—Sí, todo está bien. Pero aquí veo dos latidos. Señorita Sanabria, parece que estás esperando gemelos.
Carolina se incorporó de golpe, incrédula.
—¿Dos? ¿Estoy esperando gemelos?
—Eso parece. Acuéstate de nuevo, déjame revisar otra vez.
Carolina volvió a recostarse, pero la mente se le quedó en blanco, llena de nervios.
—¡Felicidades! Son gemelos, de verdad. Antes no se notaba porque estaban muy pequeños, pero ahora se ven claramente dos latidos. Tener gemelos es poco común, ¡vas a tener dos bebés de una sola vez! Así solo pasas por esto una vez y ya.
Carolina salió del consultorio tocándose la panza, aún en shock.
Mauro la sostuvo por el brazo.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Tío que Robó Mi Corazón