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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 373

Carolina marcó a Tony, dispuesta a decirle que no se apurara en regresar, que esperara un poco más.

Quizá había alguna sorpresa en camino.

Pero el teléfono de Tony ya no sonaba; la llamada ni siquiera entraba.

En ese momento, Carolina no le dio mayor importancia.

Fue hasta el atardecer que recibió la llamada de Mauro.

—Tenemos que regresar esta noche a la casa —soltó él, sin rodeos.

—¿Qué pasó? —preguntó Carolina, con una ceja levantada.

Ella pensaba que tal vez lo mejor era esperar a que salieran los resultados del análisis antes de regresar, así la visita sería más interesante. Sentía que ir hoy era adelantar la función.

—¿Marisol y su hijo fueron secuestrados?

—¿Qué? —Carolina se quedó desconcertada, como si no hubiera escuchado bien.

—¿Quién se atrevería a secuestrarlos?

Apenas terminó la pregunta, se le vino a la mente una posibilidad.

—Bueno, sí hay alguien. Hoy intenté llamar a Tony y no me contestó.

Mauro reflexionó un momento.

—Lo de Tony viniendo a la firma a buscarte, mejor no lo mencionemos ahora. Es como si no supiéramos nada, porque algo en todo esto no cuadra.

Carolina sintió lo mismo. Solo se trataba de un niño, y Tony era extranjero. ¿De verdad se habría atrevido a hacer algo tan drástico como secuestrar a un niño?

Ni siquiera podría regresar a su país llevándose al niño.

Por donde lo viera, no tenía sentido que Tony estuviera detrás de esto.

Pero entonces, ¿por qué Marisol, de buenas a primeras, había sido secuestrada?

...

Tadeo estaba furioso, tanto que casi revienta la mesa de un golpe.

—No sé. ¿Y cómo están tan seguros de que fue un secuestro?

—Marisol dijo que iba a vacunar al niño. La niñera fue al baño y, en ese rato, ya no estaban. Sus cosas seguían en el pasillo. Luego, revisando las cámaras, vieron que un hombre le tapó la nariz a Marisol, le hizo oler algo y, en un segundo, desaparecieron por la escalera de emergencia.

—Pero no hay ni rastro de cómo salieron del hospital. Ya pasaron ocho horas desde que desaparecieron.

Carolina asintió y le puso una mano en el brazo a Mónica.

—Mejor váyanse a casa y no regresen en unos días. Esto aquí está que arde y tienes que cuidarte, ¿me oíste?

Mónica le dedicó una sonrisa coqueta.

—Sí, Carito. Pero tú también cuídate. Tengo la sensación de que todo esto es raro. Marisol es demasiado lista para dejarse atrapar así como así. Algo no cuadra.

Era una corazonada. Mónica nunca había soportado a Marisol, y por años jamás la había visto perder, ni siquiera una vez.

Mónica conocía a Marisol incluso mejor que Carolina.

Cuando algo no tiene sentido, es porque hay gato encerrado. Si el secuestro era real, entonces estaba siendo malpensada. Pero, si todo era fingido, seguro era una jugada contra su propia hermana.

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