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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 350

Hace un momento, Carolina se sentía envuelta en calor, pero al siguiente, la fría cerámica la recibió de golpe.

Su mente se volvió difusa, y solo el sentido del oído permaneció despierto.

Los jadeos incesantes le taladraban los oídos, llenando todo su mundo.

—Mi amor, ¿y si tenemos un bebé?

Carolina se sentía como un pez atrapado en la tabla, completamente a merced de él, sin poder resistirse.

Se retorcía bajo su cuerpo, las lágrimas le corrían por el rabillo del ojo, y sus labios, mordidos por la desesperación y el deseo, casi sangraban.

—No te aguantes. Amor, aquí no hay nadie, somos solo tú y yo en la casa. Simón ya ni escucha bien, y le pedí que no saliera de su cuarto. No pasa nada.

—Déjate llevar, amor.

—Me encanta escucharte.

La voz de Mauro sonaba ronca, cada palabra era una caricia, como si buscara convencerla con dulzura.

Eso solo hizo que Carolina sintiera ganas de llorar más fuerte. Este hombre, ¡hasta se atrevía a decir esas cosas delante de Simón! Como si quisiera que ella supiera exactamente lo que pensaba hacerle.

—¡Eres tan fastidioso! —aventó ella, entre rabia y vergüenza.

Mauro acarició su mejilla con la palma tibia y la llevó directo a la cima.

En su cabeza, Carolina vio una ráfaga de luz blanca. Por un instante, sintió que flotaba en lo más alto de la noche, mirando fuegos artificiales que explotaban de pronto y se desvanecían dejando una estela de belleza irresistible.

Mauro, con una ternura infinita, bajó la mirada y besó la lágrima que aún brillaba en la comisura de su ojo.

—Gracias, amor... eres increíble.

...

La aventura continuó en la regadera, frente al ventanal, en el sofá y, al final, en la cama matrimonial.

Mauro, incansable, exploró cada rincón de la casa junto a ella, hasta que Carolina cayó rendida, profundamente dormida.

Ya con ella descansando, la limpió con cuidado, y al terminar, tomó el calendario del buró y rodeó una fecha con un círculo.

El plan para tener un bebé quedaba oficialmente en marcha.

Por su parte, Tadeo estaba contento de saber que su hijo podría regresar.

En familias como la suya, pensar en el bien común no era solo un discurso vacío.

Tadeo conocía perfectamente a su hijo, sabía muy bien de lo que era capaz.

Un hombre que solo vivía para los amores, ¿hasta dónde podría llegar?

Incluso si el Grupo Loza quedara en sus manos, terminaría por hundirse.

Por eso, Tadeo se sentía conforme con la situación actual, siempre y cuando Alexis y Marisol se mantuvieran tranquilos.

Petra, al notar el enfado de su esposo, prefirió no seguir discutiendo.

Aun así, no pudo evitar soltar lo que tenía atorado.

—¿Escuchaste lo que Carolina dijo hoy? Lo dijo a propósito delante de papá, que nuestro bebé parecía extranjero, ¿qué quería insinuar?

Tadeo, menos susceptible que ella, solo comentó:

—¿Y qué? Solo decía que la niña es linda. No te hagas ideas. Y te advierto, no te metas en problemas.

Al escucharlo, Petra solo pudo tragarse su malestar y guardar silencio.

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