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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 347

Carolina apenas curvó los labios en una sonrisa.

—Sí, la verdad es que es bastante tierno.

—¿Ya le pusieron nombre? —preguntó sin mucho interés, como si solo quisiera llenar el silencio.

Petra, orgullosa, asintió.

—Claro, tu papá fue quien se lo puso. Su nombre completo es Luciano Loza, dice que espera que sea inteligente, ágil y decidido. El apodo se lo puso Marisol, le dice Gordito.

Carolina no pudo evitar arquear la ceja.

—Está bien, suena bonito. Bueno, cuñada, ¿bajamos? La señora de la casa acaba de avisar que la comida ya casi está lista.

Una mueca despectiva cruzó fugazmente el rostro de Petra.

Siempre supo que Carolina no iba a entusiasmarse con el nieto, pero igual le molestaba. ¿Qué podía hacer? Ya era abuela, aunque ni siquiera podía presumir de eso, porque su vientre seguía vacío. Ni siquiera sabía si algún día lograría tener hijos propios.

Petra, en el fondo, deseaba que Carolina nunca pudiera embarazarse. Así, el único heredero de Grupo Loza sería su propio nieto.

Benjamín, por su parte, miraba a su nuera con gran expectativa.

—¿Ya viste a Gordito, Carito? Es un niño fuerte, yo quería ponerle Osito, pero entre todos insistieron en Gordito.

La verdad, pensó Benjamín, su físico daba más para Osito que para Gordito.

Carolina sonrió con amabilidad.

—Sí, ya lo vi. Es muy lindo, parece como si fuera hijo de padres de distintas nacionalidades.

—¿Mezcla? —repitió Benjamín, sorprendido.

No era la primera vez que lo escuchaba. Hasta las señoras que trabajaban en la casa lo habían comentado. Y aun así, la familia Loza no tenía ninguna raíz extranjera: todos eran latinos, puros.

—¡Qué mezcla ni qué nada! —interrumpió Petra, frunciendo el ceño—. El bebé solo tiene facciones marcadas. ¡Y sus ojos son negros, igual que los nuestros!

Pensando que Carolina intentaba sembrar discordia, Petra le lanzó una mirada fulminante.

Mauro alzó la cabeza, hablando con voz suave.

—Cuñada, solo lo dice por decir. Es un cumplido para el hijo de Alexis, nadie está insinuando que no sea suyo.

Nadie imaginaba que esas palabras, tan inocentes, terminarían siendo tan premonitorias.

Petra hervía por dentro. Apenas habían vuelto y ya estaban arruinando la armonía familiar.

Tadeo frunció el ceño y le hizo una seña a su esposa.

—Abuelo, no pasa nada, puedo comer un poco. Ya lo consulté con el especialista.

Con el respaldo de Joel, Mónica por fin pudo servirse su platillo preferido.

¡Ah, qué delicia! ¡La comida picante sí que tiene sabor!

Carolina recordó que, antes, a Moni ni le gustaba tanto lo picante. Al parecer, eso de que las mujeres embarazadas prefieren lo ácido y lo picante era cierto.

...

Mauro se dirigió a la biblioteca y Carolina se quedó platicando con Mónica en el jardín.

—Carito, ya sé para qué llamó el abuelo a mi tío allá arriba.

Carolina la miró con curiosidad.

—¿Para qué?

—Mira, mi papá y mi mamá ya tenían planeado que ustedes regresaran para hablar de ese tema. Todo es para que los primos vuelvan también.

Mónica bajó la voz, acercándose a Carolina.

—Te voy a contar algo: siento que Marisol no está tan encariñada con el bebé. Antes no me daba cuenta, pero ahora que estoy esperando uno, noto que en realidad no le tiene ni tantito cariño.

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