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El Tío que Robó Mi Corazón romance Capítulo 327

El jueves, mientras Carolina asistía a una audiencia, se topó en los pasillos del juzgado con Mateo, a quien no veía desde hacía bastante tiempo.

—Fiscal Mateo —saludó Carolina con una sonrisa y una leve inclinación de cabeza.

Mateo era aquel fiscal que le había presentado Hugo en una reunión pasada. En ese entonces, Hugo aún no sabía que Carolina ya estaba casada y tenía la intención de presentárselos.

Mateo le devolvió la sonrisa, relajado.

—Abogada Carolina, qué casualidad encontrarte aquí. ¿También tienes audiencia en el juzgado de la zona este?

—Sí, hace mucho que no te veía —respondió Carolina, manteniendo la cortesía y el tono formal.

Mateo notó la tensión en su semblante, pero simplemente sonrió.

—La última vez que fuimos a cenar con el abogado Cordero y los demás, él habló de ti.

El cuerpo de Carolina se tensó de inmediato.

—¿Y qué dijo de mí?

Mateo soltó una risita ligera.

—No te pongas nerviosa. Habló bien de ti. Mencionó el caso de asistencia legal que tomaste. Dijo que tienes buena puntería para identificar los puntos clave. A pesar de que era la primera vez que tomabas ese tipo de casos, lo hiciste bastante bien.

La mirada de Carolina se ensombreció.

—¿Bien? Mejor ni hablemos de eso.

Mateo, que estaba al tanto de que el resultado final no había sido favorable, intentó animarla, pero al parecer solo consiguió incomodarla más.

—Abogada Carolina, no te presiones tanto. Nuestro trabajo, ya sea como jueces, fiscales o abogados, siempre trae una carga mucho más pesada que otros oficios. Con los años, uno aprende y mejora. ¿No has pensado en salir al extranjero a especializarte?

La pregunta la tomó por sorpresa. ¿Nunca lo había considerado?

—Quizá cuando uno tropieza con un obstáculo o se siente perdido, dedicarse a aprender puede ser justo lo que necesita.

—Gracias, fiscal Mateo. Lo voy a pensar.

El tiempo de la audiencia se acercaba, así que Carolina se despidió y subió al segundo piso.

¿Especializarse fuera? La idea quedó flotando en su cabeza.

...

Cuando terminó el juicio, Ulises le marcó por teléfono para recordarle que, sin importar la hora, pasara por el despacho después de la audiencia.

Al salir, ya eran las cuatro en punto. Carolina se despidió de su clienta y se fue directo a la oficina, intrigada por lo urgente del asunto.

Al llegar, buscó a Verónica y le dio unas palmadas amistosas en el hombro.

—¿Hoy vino el señor Ulises a la oficina?

De repente, Carolina sintió un peso en el pecho.

Frunció el ceño.

—¿Por qué dice eso, señor Ulises?

—Bueno, antes hubo algunos problemas entre los grupos, pero eso ya no pasará. Carolina, tú solo concéntrate en tu trabajo. Este viernes voy a pedirle a Recursos Humanos que preparen la notificación de tu ascenso a socia no accionista.

Los ojos de Carolina se abrieron un poco más. Era obvio que el director ya sabía de su relación con Mauro.

—Señor Ulises, ese tipo de evaluaciones se hacen hasta fin de año, ¿no?

—He visto tu trabajo desde cerca, y no hay mucha diferencia entre hacerlo ahora o después. No te preocupes, nadie va a decir nada.

A Carolina no le gustó nada esa respuesta.

Sentía que, aunque había trabajado duro, ahora todo parecía el resultado de un favor o de tener un contacto, no de su propio mérito.

Aunque estaba consciente de que los recursos y las conexiones también formaban parte de la fuerza profesional, no podía evitar sentir que la noticia le dejaba un sabor amargo.

—Carolina, te lo ganaste. Esta semana vamos a organizar una comida para celebrar tu ascenso. Y no te preocupes por aquel caso de asistencia legal, déjalo atrás. En adelante, no necesitas tomar esos casos pequeños. No aportan nada a tu crecimiento profesional.

Las palabras de Ulises le retumbaron en la cabeza. Aunque sus logros eran innegables, la sombra de la duda sobre su propio mérito no la dejaba en paz.

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