—¿Cambiar el medicamento? —El brillo de furia en los ojos de Sergio era inconfundible—. ¿No murió por la enfermedad? ¿Ustedes le cambiaron el medicamento?
...
Carolina acababa de salir del juzgado cuando el celular vibró con una llamada del hospital.
—¿Hablo con Carolina? ¿Pablo es su papá?
Frunció el entrecejo.
—Sí, soy yo.
—Su papá tuvo una hemorragia cerebral y está en emergencias. Venga al hospital cuanto antes, por favor.
¿Una hemorragia cerebral, así de repente? ¿Será por lo de la empresa?
En el fondo, Carolina no sentía demasiada tristeza. Solo arrancó el carro y fue rumbo al hospital, sin prisa, con la mente en blanco.
En ese momento, sonó el teléfono de nuevo. Era Mauro.
—¿Vas a regresar al despacho? Si no, ¿quieres que salgamos a cenar hoy en la noche?
Carolina lo interrumpió:
—Hoy no puedo. Mi papá está en el hospital, voy para allá.
—¿En cuál hospital está? Mándame la dirección. Llego en seguida.
Al final, Carolina y Mauro llegaron casi al mismo tiempo al hospital.
Ella entró directo a urgencias.
—¿Es usted familia de Pablo? —le preguntó una enfermera.
—Sí.
—Su papá está muy grave, necesita cirugía urgente. Firme aquí, por favor.
Aunque Carolina guardaba un resentimiento muy fuerte hacia Pablo, aun así firmó con su nombre.
Mientras lo hacía, una idea oscura cruzó fugazmente por su mente: ojalá no salga vivo de esa cirugía.
Pero esa idea desapareció tan rápido como llegó.
Se levantó.
—Voy al baño.
Mauro creyó que estaba afectada y necesitaba calmarse.
—Voy contigo.
—No hace falta. Quédate aquí, regreso pronto.
Carolina abrió la llave de agua y se empapó la cara.
Al verse en el espejo, la mujer que la miraba le resultaba extraña.
Al salir, ya había logrado contener sus emociones. Se sentó junto a Mauro en las sillas del pasillo, afuera del quirófano.
—Gracias, Mauro.
A pesar de eso, Carolina sí sentía, entre líneas, la nostalgia de su madre por sus seres queridos.
Después de tantos años sin comunicarse... ¿por qué justo ahora aparecen?
Mauro pasó un brazo por sus hombros.
—Cuando fuiste al baño pregunté al mayordomo de tu casa. Me dijo que hoy en la mañana vino un señor de apellido Ávila a ver a tu papá.
—Discutieron muy fuerte y, poco después, tu papá terminó en el hospital.
Carolina se perdió en sus pensamientos. ¿Acaso la familia de su mamá vino a vengarla?
Las lágrimas le llenaron los ojos. Sintió unas ganas inmensas de llorar.
Mamá, ¿ves? Todavía hay gente que te recuerda en este mundo.
...
A lo lejos, Sergio observaba a su sobrina sentada afuera del quirófano. En su pecho bullía la rabia.
Ese desgraciado, todavía tuvo el descaro de hacer que su sobrina viniera a firmar por él.
Ojalá y se quede ahí adentro para siempre.
Sergio pensó en ir a decirle a Carolina que él era su tío, pero temía que lo culpara por aparecer hasta ahora. Ese sentimiento mixto entre esperanza y miedo lo tenía paralizado.
Después de dudar un rato, Sergio salió del hospital y manejó hasta el cementerio donde descansaba su hermana.
—Hermana, tu hermano vino a defenderte.

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