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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 95

Daven estaba de espaldas a la habitación, contemplando la ciudad a través del inmenso ventanal. Aethelis se extendía ante él: el bullicioso tráfico del mediodía, el movimiento incesante de la gente, los imponentes edificios y un ritmo de vida que nunca se detenía. Pero la vista, por muy vívida que fuera, apenas rozaba sus pensamientos. Su mente estaba en otra parte.

Tenía las manos apretadas en los bolsillos del pantalón y la mandíbula tensa.

El informe de investigación del señor Rio seguía resonando en su cabeza, no porque estuviera completo, sino precisamente porque no lo estaba.

Rio no había logrado acercarse; ni siquiera fue posible conseguir una simple prueba de ADN. Además, por alguna razón, todos los registros del nacimiento de Josh en Solaviz habían sido borrados. Alguien ocultaba algo, y su instinto se negaba a dejarlo pasar.

Sentía una presión persistente en su interior, fuerte e implacable, que le susurraba la posibilidad de que Josh fuera su hijo. Pero, si eso era cierto... ¿entonces qué? No tenía la respuesta. Ni siquiera sabía qué haría si la verdad, esa que nunca le habían permitido alcanzar, resultaba ser esa. Aun así, Daven sabía una cosa: no podía ignorar el asunto.

Un suave golpe en la puerta rompió el silencio, seguido por el crujir de las bisagras y unos pasos cautelosos que se aproximaban.

—Señor Daven —dijo Arven al entrar, inquieto—, lamento interrumpirlo, pero... alguien insiste en comunicarse con usted. Dijeron que han llamado varias veces.

Daven no se movió ni un centímetro.

—¿Quién?

—La señora Catherine, señor. Le pide que vaya a casa esta noche. Hay una cena familiar y los Blake también asistirán —dijo Arven con vacilación, añadiendo lo último con un tono que mostraba incomodidad.

Daven soltó una carcajada seca.

—Por supuesto. Vanessa lo planeó, ¿no?

No estaba sorprendido, en lo más mínimo. Pero esta vez, no podía importarle menos. Había algo mucho más importante consumiendo sus pensamientos.

—Entonces... ¿debería preparar algo para enviar? —preguntó Arven con cautela—. Es decir, por si decide asistir.

—No hace falta —respondió Daven con frialdad—. No iré.

Arven parpadeó, confundido.

—Señor...

Daven se volteó para encararlo. Arven estaba parado no muy lejos de donde él se encontraba, con una actitud de sorpresa ante la inesperada negativa. No era difícil adivinar por qué; Daven jamás faltaba a sus obligaciones familiares. Pero en esta ocasión, no tenía intenciones de ir a ningún lugar que le revolviera el estómago de puro descontento.

Todo lo que le había pedido a Vanessa... ella lo trató como si no significara nada. “¿La fama vuelve a la gente así de arrogante?”, pensó con amargura. “Lo único que siempre quise fue estar con la mujer que amo. Pasar tiempo con ella, construir algo real. Pero tal vez eso ya no sea posible. Todo ha cambiado”.

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