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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 90

—Ven conmigo a saludar al productor —susurró Vanessa—. Él fue quien me recomendó para esta película. Debería agradecérselo como es debido, ¿no crees?

Daven no dijo nada.

—¿Comiste bien mientras estuve en París? —preguntó ella, apoyándose sutilmente en su brazo. De reojo, notó que alguien los observaba. No pensaba darle a nadie la oportunidad de desprestigiarla. Eran la pareja perfecta, y debían parecerlo. En todas partes. Siempre. Sin excepciones.

—No me quedaré mucho tiempo —respondió Daven con frialdad.

Soltó un bufido casi imperceptible, pero su sonrisa no cambió.

—Qué lástima. Tenía planeado hablar con varias personas durante la cena. Tienes que quedarte conmigo, cariño.

Aun así, él no respondió.

Sobre ellos, el salón del hotel resplandecía con la cálida luz de los candelabros de cristal. Una suave melodía de orquesta flotaba en el aire, mezclándose con el murmullo de las risas y el delicado tintineo de las copas. Daven vestía un traje negro clásico: elegante y costoso. A su lado, Vanessa destacaba con un vestido de lentejuelas plateadas y el cabello recogido en un moño impecable. Las cámaras no los perdían de vista. Esa noche, se veían exactamente como la pareja ideal.

—Noté que también hay algunos empresarios japoneses influyentes —murmuró Vanessa—. ¿Alguno está relacionado con tu trabajo?

Un mesero pasó despacio con una bandeja de copas de vino. Vanessa tomó una y se la ofreció a Daven. Él dudó, pero terminó aceptándola. También tomó una para sí misma, sin permitir que esa sonrisa característica desapareciera de su cara; una sonrisa que lucía deliberadamente para que el mundo viera lo cariñosos que eran.

—¿Tal vez podrías acercarte a saludarlos? ¿Solo un momento? —preguntó ella, fingiendo una curiosidad casual.

—No quiero hablar de negocios —dijo Daven, tomando un sorbo de vino.

—Qué lástima —masculló Vanessa con un pequeño puchero. Aun así, Daven mantuvo su imagen de compañero atento. De vez en cuando, se detenían a intercambiar unas palabras con los conocidos de Vanessa o, en ocasiones, Daven saludaba a alguien de sus propios círculos empresariales.

—Señorita Vanessa —saludó James con cortesía al acercarse—. Buenas noches, señor Daven.

Daven le devolvió un asentimiento seco, pero James parecía un poco apurado, como si tuviera algo urgente que comunicar.

—¿Qué sucede? —preguntó Vanessa con un toque de confusión.

—Siento interrumpir —dijo James, tratando de mantener la compostura—. El señor Bruno quisiera reunirse con usted, señorita Vanessa. Se irá pronto a su próximo compromiso de negocios. Me temo que no tendremos otra oportunidad si nos demoramos.

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