Pero antes de que pudiera exigir respuestas a todas las preguntas que pasaban por su mente, había algo más importante que necesitaba saber.
—Althea... si no estoy malinterpretando tu historia, Daven no sabe que Josh es su hijo, ¿no?
—Por ahora, creo que es cierto —dijo Althea en voz baja—. Pero tengo un presentimiento... es solo cuestión de tiempo. Él tiene el poder para investigarnos.
Althea tenía razón.
—No puedo negarlo... Josh y Daven se parecen mucho. Especialmente en los ojos.
Tenía razón.
Cuanto más lo pensaba, más sentido tenían sus palabras.
Una suave brisa barrió la azotea del edificio principal de la escuela, suavizando el calor del sol del mediodía.
A pesar de la hora, la sombra del techo extendido mantenía el espacio cómodamente fresco.
Dos tazas de café caliente reposaban entre ellos sobre un largo banco de madera;
una frente a Chase y la otra frente a Althea, quien estaba sentada enfrente de él.
De nuevo, el silencio cayó entre ellos. Ninguno dijo una palabra.
Chase la observó.
Había una inquietud en su expresión que ella no podía ocultar del todo.
Su mirada estaba indiferente, desenfocada, como si estuviera reproduciendo cien momentos de una vida que no había sido fácil para ella.
No podía quedarse sentado sin decir nada.

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