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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 814

—Hace muchísimo frío aquí afuera, señor Cale.

—Todavía es temprano y la temperatura bajó varios grados. Ponte la chaqueta gruesa.

Naomi habló en tono quejumbroso.

—Pero me acosté hace apenas unas horas. Todavía tengo mucho sueño.

Cale mantuvo la calma de siempre.

—Si no te hubiera visto comer tanta carne, no te despertaría tan temprano.

—¿Qué tiene que ver levantarse temprano con comer carne? —protestó Naomi.

Lydia se tapó la boca al escuchar la conversación. Ya sabía adónde iba todo aquello.

Y así fue.

—Nada, pero ahora necesitas moverte más. ¿Quieres que toda esa grasa de la carne se te acumule en el cuerpo?

—Cale, en serio eres insoportable. ¿A ti qué te importa si engordo?

Naomi pareció celebrar su respuesta, aunque la victoria le duró poco.

—Porque si en serio engordas, haré que Vincent contrate a un entrenador personal.

Lydia, que seguía sentada afuera, se rio. Desde el interior de la carpa llegó una protesta mucho más fuerte.

—Eso no tiene gracia.

—A mí sí me parece gracioso.

—Cale.

Cale no pareció inmutarse. Unos momentos después, Naomi abrió un poco el cierre de la carpa y asomó la cabeza. Tenía el cabello revuelto y era obvio que no había perdonado a nadie por lo ocurrido esa mañana.

Seguía sentada dentro de la carpa, abrazada a su cobija.

—Mira nada más. —Naomi señaló hacia afuera—. Todavía está oscuro y hace un frío tremendo.

Cale no respondió. Se agachó, recogió los zapatos de Naomi, que estaban bien acomodados junto al estante del equipo, y los dejó frente a ella.

Por primera vez esa mañana, Cale rio.

—Ódiame todo lo que quieras. No me importa. Con que mi esposa me ame, me basta.

—¡No soy tu esposa!

—Exacto. Por suerte, no eres mi esposa. Un matrimonio no puede sostenerse en el odio mutuo.

Tsk.

Naomi chasqueó la lengua, se adelantó a Cale y comenzó a recorrer el sendero detrás de las carpas.

El sendero que llevaba a la colina empezaba detrás del campamento. No era muy empinado, pero sí lo bastante largo para que caminaran en silencio durante un buen rato.

Y, por extraño que pareciera, a Naomi no le molestó. Tal vez la mañana era demasiado tranquila para arruinarla con una conversación sin importancia. O quizá se debía a que, por primera vez en mucho tiempo, sentía la mente algo más despejada.

Quizá la familiaridad y la calidez que sintió al acampar con aquella familia la ayudaron a calmarse y a pensar menos en sus problemas.

Cuando llegaron a la cima de la colina, el cielo comenzaba a cambiar de color. Una franja anaranjada apareció poco a poco detrás de la cadena montañosa que se extendía a lo lejos. Una fina capa de niebla todavía cubría el valle a sus pies, mientras la primera luz de la mañana comenzaba a alcanzar las copas de los árboles.

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