A la mañana siguiente, antes del amanecer, el campamento seguía sumido en el silencio.
El aire de la montaña estaba mucho más frío que la noche anterior. Una fina neblina flotaba a poca altura entre los pinos, mientras el cielo seguía lleno de estrellas que aún no cedían su lugar a la luz de la mañana. A lo lejos, el suave murmullo del río era el único sonido en aquella hora previa al amanecer.
Lydia despertó. Durante unos instantes, mantuvo los ojos cerrados y disfrutó los últimos vestigios del sueño. Pero al extender una mano hacia el otro lado de la cama, no encontró a nadie. Se inquietó. La cobija fría le indicó que Cale llevaba bastante tiempo despierto.
Lydia salió de la carpa con pasos silenciosos y no tardó en encontrar a su esposo.
Cale estaba sentado solo, no muy lejos de allí. Llevaba una chaqueta gruesa y apoyaba las manos sobre las rodillas. Tenía la vista fija en el cielo nocturno que todavía se extendía inmenso sobre ellos.
Lydia siguió la dirección de su mirada. Las estrellas se veían con una nitidez extraordinaria esa mañana. Eran muchas más de las que solían verse desde Solaviz o Portclair.
Lydia se acercó y se sentó a su lado sin decir nada. Cale supo que su esposa ya estaba despierta y había ido a acompañarlo. Apenas la miró antes de volver a contemplar el cielo.
Pasaron varios instantes antes de que Lydia preguntara:
—¿Por qué estás despierto desde tan temprano?
Cale no respondió enseguida y mantuvo la vista fija en el cielo.
—¿Te preocupa algo?
Cale rio.
—¿Puedo pedirte algo? —Se volvió hacia Lydia con ternura—. Quiero llevar a Naomi a ver el amanecer. ¿Te... importaría darme permiso?
Lydia guardó silencio.
Pocos entendían la forma de ser de Cale. La mayoría solo veía a un hombre que siempre parecía sereno, frío y difícil de descifrar. Pero Lydia lo conocía mejor que nadie.
Por eso sabía que aquello no tenía que ver con nada de lo que su esposo le hubiera dicho a Naomi ni con el pasado de la joven. La razón era mucho más simple y, a la vez, mucho más importante.
Cale estaba preocupado.
Quizá, para su esposo, Naomi nunca dejó de ser la niña que desapareció de su vida años atrás.
—¿Quieres hablar con ella?
Cale finalmente asintió.
—No.
—Entonces, ¿por qué me despertaste?
—Ven conmigo.
Hubo un breve silencio antes de que Naomi volviera a hablar.
—¿Sabes que ni siquiera ha salido el sol?
—Justo por eso te desperté. ¿Quién va a ver el amanecer cuando el sol ya haya salido?
—Eres un fastidio.
Lydia contuvo la risa. Solo por el tono de su voz, podía imaginar la expresión de Naomi en ese momento. Seguramente seguía medio dormida y fulminaba a Cale con la mirada desde el interior de la carpa.
Unos segundos después, Naomi volvió a hablar. Esta vez, su voz sonó más baja y mucho más desesperada.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad
Se terminó la novela 🥹...
Este es el final del libro de verdadddddd????...
Y que pasó con el embarazo de Lydia??...
Que aburridaaaaaa ya está la novela...
Que decepción esperaba la luna de miel de Naomi y Chris...
Me gusta esta historia pero se nota que está hecha con IA (no me molesta) Pero la IA en algún punto comienza a olvidar cosas o a confundirse, solo tengan cuidado con los detalles ya van varios que se les escapan...
Porque Eli no le dice mamá althea y papa a Dave . No la adoptaron?...
Esa autora habla más que los propios personajes jajaja unos grandes textos y pequeños diálogos...
Que molesto es tener que pagar y tener que esperar que suban 5 capítulos diario... Por favor ya...
Suban la novela completa...