Residencia Miller, Solaviz.
—¿Estás... contento? —preguntó Althea, antes de bajar del auto.
Esa tarde había recibido otra invitación de Riana Miller, la madre de Chase, para visitarlos en su casa. Otra vez. Era la segunda vez que ella y Josh iban a la residencia Miller, y para su sorpresa, Althea se sentía... tranquila.
No hubo miradas de juicio, ni palabras destinadas a herirla, ni gestos sutiles que la hicieran sentir fuera de lugar. Nada de lo que se había preparado para enfrentar. Al contrario, la familia Miller los había recibido a ella y a Josh con una calidez inesperada.
—¡Claro que estoy contento! —exclamó Josh, emocionado—. ¡No puedo esperar para ver al tío Chase! Ah, y al abuelito también. Dijo que quería enseñarme algo. Y yo quiero enseñarle el dibujo que hice. La señorita Spencer dice que estoy mejorando.
Althea sonrió mientras le revolvía el cabello con cariño.
—Entonces vamos a verlos, cariño.
Josh le tomó la mano con entusiasmo, dando saltitos mientras se dirigían hacia la elegante y amplia casa. Algunos miembros del personal que ya conocían los saludaron en el camino con expresiones amables.
Una de las asistentes se acercó e hizo una ligera reverencia.
—La señora Riana los estaba esperando, señorita Althea —dijo con amabilidad—. Creo que estaba ansiosa por su llegada.
—¿En serio? —respondió Althea con una sonrisa cortés.
—Y el joven Josh —añadió la mujer, mirando al niño con ternura—, el señor Miller lo espera en el ala izquierda. Puedo llevarlo, si gusta.
—¡Está bien! —Josh sonrió radiante—. ¡Voy a ver al abuelito primero, mamá!
—¿No quieres saludar a la abuelita antes? —sugirió Althea con suavidad—. ¿No querías mostrarle algo también?
Josh se detuvo, lo pensó un momento y asintió.
—Está bien.
La asistente rio por lo bajo ante el tierno intercambio entre madre e hijo.
La visita anterior había causado bastante revuelo entre el personal de la casa; después de todo, Chase Miller rara vez traía a alguien. Su vida sentimental era un misterio bien guardado, sin apenas rumores de relaciones, mucho menos presentaciones formales.
Para ellos, Chase, el hijo mayor de la familia Miller, era alguien extraordinario.
Todos sentían mucha curiosidad por la mujer que había logrado conquistar a Chase Miller. Muchos se habían mostrado escépticos al principio, especialmente tras escuchar los rumores de que era madre soltera. Pero... todas esas suposiciones sobre Althea se desmoronaron al instante.
Althea Grayson y su hijo transmitían una dulzura y calidez innegables. Josh era un niño educado y encantador, y era evidente que su sinceridad no era una fachada. Quizás eso era lo que había atraído a Chase Miller. Esa naturalidad tranquila. Y con el respaldo pleno de sus padres, quienes seguramente habían hecho su propia evaluación, todo cobraba sentido.
—Me da mucho gusto que hayan venido —dijo una de las empleadas con calidez.
Althea parpadeó, un poco confundida.
—¿A qué se refiere?
—Ah... por aquí. La señora Miller la espera.

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