El silencio volvió a cerrarse sobre ellos. Daven se quedó mirando la mesa, ocultando la angustia que lo carcomía por dentro. Tras unos segundos, habló de nuevo, con un tono de rendición.
—Está bien.
Althea exhaló despacio; el alivio aflojó la tensión que la oprimía. Al menos había dicho lo que tenía que decir. Necesitaba trazar una línea clara, aunque estuviera segura de que Daven nunca podría tener sentimientos reales por ella.
—Pero quiero pedirte solo una cosa.
Althea se volvió hacia él con la mirada afilada de sospecha. Entrecerró los ojos, esperando escuchar qué clase de exigencia podía hacerle.
—¿Sería... posible que pasara algo de tiempo con Josh? No pido mucho, solo cuando tenga un rato libre, quizá una vez al mes. Llevarlo a pasear, jugar con él, nada más.
Althea sopesó cada palabra. Lo observó con detenimiento, buscando la verdad en su mirada.
—Por favor, Althea. No estoy pidiendo mucho. Ni siquiera le diré a Josh quién soy en realidad a menos que tú me lo permitas —los ojos de Daven le suplicaban. Era obvio que no existía nada que deseara más que eso. Nada.
—Te lo ruego —susurró.
—¿Estás seguro de que puedes controlarte? —Althea habló con frialdad, en tono de advertencia.
—Sí. Te lo prometo —respondió Daven, con tono firme—. Quiero enmendar mis errores. Compensarlos de la manera que sea. No voy a interferir en tu vida ni en tu relación con Chase. Me alegro por ti, en serio. Solo quiero estar al lado de Josh, aunque sea como un padre al que ve de vez en cuando.
Althea se reclinó en la silla, cruzó los brazos y mantuvo la mirada fija en él, sin ablandarse. El hombre que siempre se había mostrado sereno, dueño de sí, admirado por decir poco y aun así imponer respeto, ahora se desmoronaba frente a ella: inquieto, desesperado, como si cada palabra que saliera de sus labios fuera a decidir el rumbo de su vida.
Al final, lo único que Althea pudo hacer fue suspirar agotada.
—Lo voy a pensar. Pero no puedo prometerte nada ahora, Daven.
—Gracias. Con eso me basta —murmuró Daven, aunque el dolor se le escapó en la voz, imposible de ocultar.
El silencio cayó entre los dos, roto apenas por el tintineo lejano de cubiertos en otra mesa. Daven sentía que algo se le rompía por dentro, mientras Althea se mostraba firme, resuelta, avanzando ya sin mirar atrás. Pero él no podía quedarse de brazos cruzados. No; tenía que luchar, por difícil que fuera.
Daven volvió a hablar, con la voz baja.
—Tal vez cuando resolvamos este lío con Vanessa, por fin pueda respirar un poco más tranquilo. Sin preocuparme de que algún reportero aparezca de pronto y arruine mi tiempo con Josh.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad