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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 204

Harold rio.

—Por favor, tome asiento, señor Daven. Estoy seguro de que el viaje a Solaviz debió ser agotador.

Daven ignoró la cortesía. Eligió un asiento que le diera espacio suficiente para moverse si fuera necesario. Arven se acomodó a su izquierda, mientras Andy permaneció de pie cerca, alerta, recorriendo con la mirada cada rincón de la habitación. Los cuatro guardias de Harold se mantuvieron apostados en los extremos, silenciosos y vigilantes, con la mirada fija.

—Bien entonces —comenzó Harold, reclinándose en la silla—, como sabe, el proyecto de Solaviz necesita financiamiento adicional. —Sacó una carpeta de la mesa y la deslizó hacia Daven.

—Infraestructura, distribución de materiales de construcción... necesitamos acelerar en todos los frentes. Por eso quiero toda su confianza. Una inversión adicional de trescientos mil dólares rendirá mucho —agregó con una sonrisa amplia y satisfecha.

Daven lo miró con dureza.

—¿Está... bromeando?

Harold se carcajeó.

—¿Parezco estar bromeando?

Daven abrió la carpeta y revisó su contenido por encima. Lo que leyó era absurdo, inconsistente con el acuerdo original. El documento enumeraba tantas supuestas deficiencias en el proyecto estancado del complejo de departamentos que, según sus cálculos, los costos equivalían a construir un desarrollo nuevo desde cero, no a continuar uno atrasado.

—Creo que se está conteniendo —presionó Harold, con el tono más duro y ya sin sonrisa—. ¿No acordamos ya la expansión de Solaviz? Treinta millones de dólares difícilmente son una inversión desperdiciada.

Daven dejó la carpeta sobre la mesa y fijó la mirada en el alcalde.

—Lo que necesito es claridad. Quiero desgloses precisos de los gastos, no solo números vagos en una página.

Harold suspiró.

—¿Entonces no confía en mí?

—No se trata de confianza —dijo Daven, inclinándose hacia adelante, con la voz calmada pero filosa como acero—. Se trata de transparencia. Tengo la costumbre de conocer cada detalle antes de liberar esa cantidad de dinero. No voy a permitir que mis fondos terminen en el lugar equivocado.

—Si desconfía tanto, tal vez deberíamos terminar esta sociedad de una vez —dijo Harold, tamborileando los dedos con fuerza sobre la mesa—. Pero me aseguraré de que se arrepienta. La mayor parte del dinero del Grupo Callister ya está adentro, ¿no? ¿No se da cuenta de lo inútil que sería si paramos a la mitad?

Daven solo sonrió.

—Puede elegir enojarse, o puede elegir presentar un informe detallado. Si confía en el éxito de este proyecto, eso no debería ser difícil.

El silencio cayó sobre la sala. La expresión de Harold se agravó, con el disgusto marcado en cada línea. Era obvio que odiaba que lo fiscalizaran, pero finalmente murmuró:

—Está bien. Haré que mi equipo prepare un informe completo.

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