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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 20

Vanessa arqueó una ceja con desprecio.

—¿Esto es lo que preparaste para la familia Callister? —preguntó con tono burlón—. ¿Pan tostado y sopa? ¿No es... pobre? ¿O es que tus habilidades en la cocina no dan para más?

Althea se volteó hacia ella despacio, con serenidad.

—Este es el tipo de desayuno que a Daven suele gustarle.

Vanessa rio con ironía.

—Qué ternura.

Apoyó el mentón en sus manos y entrecerró los ojos hacia Althea con una mirada venenosa.

—¿Estás insultando a la familia Callister sirviendo una comida tan simple? ¿O solo eres floja?

—¿Y qué te hace pensar eso, Vanessa? —respondió Althea con calma—. Preparé algo que sé que aquí se acostumbra por las mañanas.

—Ay, por favor —suspiró Vanessa—. Eso será lo que tú consideras un desayuno, pobre muerta de hambre. Pero mi querida Kate y mis hermanas, Felicia y Karina, tienen paladares exigentes. Con razón le hacen el feo a esto. ¿Qué hiciste? ¿Pan y sopa? Qué patético.

Althea intentó no perder la paciencia.

—De hecho... todo esto lo hice para Daven.

Vanessa soltó una carcajada hiriente.

—No digas ridiculeces. El gusto de Daven es mucho más refinado que esto —empujó con asco el plato de pan tostado—. Hazme un omelet de verduras con salmón ahumado y aguacate. Y que el té no esté tan caliente. En serio, prepara un desayuno como Dios manda.

—¿Perdón? —Althea la miró, manteniendo la compostura.

—Me escuchaste, ¿no? —Vanessa cruzó las piernas con elegancia—. Quiero algo que se pueda comer esta mañana. No pueden esperar que coma como... la gente corriente —se giró hacia Kate—. Estoy segura de que a mi futura suegra no le molesta que pida algo decente.

—Claro que no, querida —respondió Kate con dulzura fingida y sin dudarlo—. Haz lo que Vanessa te pidió. Al final de cuentas vives en esta casa de a gratis, ¿o no? ¿Todavía te aferras a ese título de “esposa de Daven”? ¡Por favor! —Kate se carcajeó.

Felicia y Karina no tardaron en seguirle el juego, gozando del espectáculo.

—Apúrate y prepárale a Vanessa lo que quiere. Y a nosotras también, “señorita sirvienta”. No se te olvide que aquí no eres nadie.

Althea se mordió el labio. Con lentitud, se desamarró el delantal que traía puesto.

—Lo siento, pero no creo que sea mi responsabilidad cumplir caprichos ajenos a lo que ya preparé —su voz era suave, pero firme—. Si la señorita Vanessa quiere algo diferente, puede decírselo al personal de la cocina.

Karina rio con burla.

—Vaya, te estás volviendo muy valiente, ¿verdad?

Felicia añadió con una sonrisa maliciosa:

—O a lo mejor se siente especial porque Daven le cumplió su patético caprichito.

Vanessa, que nunca desperdiciaba una oportunidad para humillar a la mujer que odiaba, se cruzó de brazos.

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