La cara de Vanessa era un desastre. Las lágrimas le resbalaban por las mejillas, pero en lugar de compasión, los reporteros celebraban la escena, capturando cada gota como prueba de su caída.
Entonces, de pronto, la transmisión cambió otra vez. La imagen de Vanessa desapareció, reemplazada por el reluciente vestíbulo de un imponente edificio. El enorme logotipo del Grupo Callister se alzaba orgulloso al fondo.
La sala quedó en un silencio sepulcral. Todas las miradas se clavaron en la pantalla, con la expectación crepitando en el aire. Lo que fuera que viniera a continuación haría historia; una noticia tan explosiva que dominaría los titulares durante semanas, quizás meses. La reputación de Vanessa como figura pública ya se había desmoronado; el tribunal de la opinión pública había dictado su veredicto.
Y entonces apareció él.
Daven Callister, imponente en un traje oscuro, flanqueado por una fila de abogados que avanzaban con precisión ensayada a su lado. Los reporteros apostados en el vestíbulo del Grupo Callister se lanzaron sobre él, disparando preguntas como balas.
—¡Señor Callister! ¿Lo que dijo la señorita Althea es verdad?
—¿Su exesposa era realmente la señorita Althea?
—¿Qué tiene que decir sobre la supuesta aventura de su esposa?
—¿Va a solicitar el divorcio?
—La señorita Althea afirma que su esposa actual fue quien destruyó su matrimonio en el pasado, ¿es cierto?
—¿Su encuentro con la señorita Althea en Solaviz fue realmente una coincidencia o tenía la intención de verla?
Daven se detuvo en seco y dirigió la mirada directo a la cámara. Su expresión era serena, contenida, pero en sus ojos ardía un fuego silencioso. Uno de sus asistentes le entregó un micrófono.
—Solo voy a decir una cosa —dijo con voz firme que resonó hasta la conferencia de prensa de Vanessa.
Los reporteros enmudecieron, conteniendo el aliento.
—Todo lo que dijo la señorita Althea es verdad. Me sorprendí tanto como cualquiera al descubrir que mi exesposa vive en Solaviz. Nuestro encuentro fue pura coincidencia. No tenía ninguna intención de buscarla.
Dejó que la pausa se prolongara deliberadamente, tensando el silencio antes de continuar.
—En cuanto a las acusaciones sobre la aventura de Vanessa, las pruebas que todos vieron son válidas y verificables en su totalidad.

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