—¿Estás lista? —preguntó Theo con expresión petulante, como si la victoria ya descansara en sus manos. Desde temprano se había instalado en el departamento de su hija, sin querer arriesgarse a que alguien captara una fotografía de Vanessa luciendo demasiado “cercana” a ese asistente suyo. Por ahora, tenía que construir la imagen perfecta: Vanessa como la víctima del egoísmo de Daven. Acorralaría a su yerno, explotaría cada arma a su disposición y haría que Daven se doblegara.
Ese era el plan.
Y hoy era el clímax: la conferencia de prensa de Vanessa, donde por fin abordaría la tormenta de titulares que giraban en torno a Daven. Rumores de su supuesta aventura con una mujer que vivía en Solaviz, susurros de encuentros secretos con un niño que, según decían, era hijo de esa mujer; el escándalo había prendido como fuego. Todos hablaban de la traición de Daven, mientras Vanessa recibía oleadas de simpatía. La mujer arrastrada a todo este lío, en cambio, se convirtió en el blanco fácil, enfrentando insultos y palabras crueles de desconocidos que no sabían su historia.
Theo estaba más que satisfecho. Había orquestado todo a la perfección, convencido de que su yerno quedaría aplastado bajo el peso de la indignación pública. El objetivo final era claro: Vanessa reunida con Daven, los papeles de divorcio retirados, y Theo sosteniendo las riendas para presionar aún más al hombre que se atrevió a desafiarlo.
Perfecto, ¿no?
—Estoy lista, papá —dijo Vanessa con una sonrisa radiante. Había elegido con cuidado un maquillaje natural, diseñado para resaltar la tristeza en lugar del glamur. Su cara reflejaba la sutil maestría de una mujer agraviada por la crueldad de su esposo.
Theo sonrió con un destello de orgullo en la mirada.
—Nos aseguraremos de que Daven no olvide este día en lo que le reste de vida.
Vanessa sonrió y asintió con serena certeza. Al menos ahora ya no tenía que temer que Daven la abandonara. Para esa noche, estaba convencida, vendría arrastrándose a suplicar perdón. Su relación sería “restaurada” y ella se permitiría, con toda gracia, aparecer a su lado de nuevo, asegurándose de que los medios captaran cada instante de su supuesta reconciliación, convirtiendo su “historia de amor” en un espectáculo de perdón.
¿Y sus propios errores hacia Daven? Se desvanecerían como si nunca hubieran existido.
Lo creía por completo.
No pasó mucho antes de que llegaran al lugar que Theo había preparado con meticulosidad para la conferencia de prensa. Los reporteros se amontonaban en la entrada; algunos contratados por el propio Theo, otros ansiosos por conseguir una primicia exclusiva.
En el instante en que Vanessa puso un pie en el salón, los flashes de las cámaras estallaron en un frenesí cegador. Su sencillo vestido blanco, combinado con su aspecto pálido y natural, la transformó en la imagen perfecta de una esposa herida. Incluso se había difuminado sombra extra bajo los ojos, fabricando la ilusión de noches sin dormir llorando la traición de su marido.
Sonreía con delicadeza, con un aire de pesar, cada vez que un reportero pronunciaba su nombre.
—¡Señorita Vanessa! ¡Señorita Vanessa! ¿Es cierto que Daven tuvo una aventura durante su estadía en Solaviz?
—¿Cómo se siente después de que esas fotos se hicieron públicas?
—¿Es verdad que una mujer llamada Althea fue quien se acercó a su esposo?
—¿Cuál es su respuesta a las acusaciones de infidelidad del señor Daven, señorita Vanessa?

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