—No somos tan estúpidos como crees —replicó Chase con un tono acerado—. Que te quede claro: la familia Miller está del lado de Althea. Si Vanessa se atreve a ir más lejos, y sobre todo si esa mujer le pone una mano encima a Josh, no te va a dar tiempo ni de defender a nadie. Porque en el momento en que lo haga, vamos a responder.
La mención de Josh le heló la sangre a Daven.
—No digas tonterías. Jamás dejaría que Vanessa se acerque a Josh. Es... es solo un niño. Ella no es tan cruel.
—¿Eso es lo que crees? —Chase respondió con tono afilado, casi burlón—. Entonces más te vale rezar por tener razón. Porque si Josh termina arrastrado a este juego sucio entre tú y Vanessa... Althea no se va a quedar callada. Y yo tampoco.
La llamada se cortó y un silencio asfixiante le martilleó el pecho a Daven. Apretó los puños mientras los pensamientos le daban vueltas sin control. Si Vanessa sabía lo de Josh... entonces esto era mucho más peligroso de lo que había imaginado.
Arven por fin se atrevió a hablar.
—Señor... ¿en serio existe la posibilidad de que la señora Vanessa sepa lo del niño?
Daven no respondió. Se quedó con la mirada fija en la ventana, vacía, atormentada. Solo un pensamiento lo atormentaba: si Vanessa había descubierto su vida en Solaviz... entonces ya debía saber de Josh.
***
A la mañana siguiente, siete en punto.
Daven acababa de terminar su rutina matutina y se preparaba para ir a su oficina en el centro de Aethelis cuando la puerta del departamento se abrió. Arven entró a toda prisa con la urgencia grabada en el rostro.
—Señor... tiene que ver esto.
Dejó caer una revista de negocios y una tableta sobre la mesa. Daven se irguió y tomó el teléfono que Arven le tendía. En cuanto posó los ojos en la pantalla, los abrió con incredulidad.
El titular le gritaba desde la pantalla:
“MUJER SEÑALADA COMO LA AMANTE DE UN EXITOSO EMPRESARIO DE AETHELIS: ¿USA A SU HIJO PARA SEDUCIRLO?”
La primera foto mostraba a Althea tomando a Josh de la mano, capturada a distancia. La segunda, una toma espontánea de Daven hablando con Josh afuera de un café, su postura congelada a medio gesto. Las imágenes iban acompañadas de un pie de foto mordaz:
“Como no tiene hijos propios, Daven Callister parece inusualmente cautivado por el hijo de una misteriosa mujer llamada Althea. ¿Acaso ella explota la debilidad del empresario para conquistarlo?”
—Esto es una locura. —Daven apenas pudo hablar; la mano le temblaba mientras recorría línea tras línea.
Arven agachó la cabeza.
—La noticia ya está en todas partes, señor. No solo en portales de internet; varias revistas y periódicos importantes la levantaron. La opinión pública se volcó contra la señorita Althea. La llaman seductora, oportunista, una cualquiera...
Daven cerró los ojos con fuerza y apretó la mandíbula hasta que le dolió.

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