A la mañana siguiente, la vida en Solaviz parecía transcurrir como siempre. Nada fuera de lugar. El cielo estaba tan despejado como los días anteriores y el aire no era ni demasiado caliente ni demasiado húmedo; perfecto para el ritmo de las rutinas cotidianas.
Sin embargo, dentro de Althea una tormenta rugía en silencio, encadenando cada uno de sus pensamientos. Aunque Lydia había sido trasladada al hospital de la ciudad, su estado no había mejorado mucho. El doctor le explicó que era cuestión de tiempo para que Lydia despertara y le prometió informarle ante el menor cambio.
Al menos Althea encontraba consuelo en saber que podía visitar a su mejor amiga cuando quisiera. Podía llevar a Josh o ir con Chase, quien había sido una ayuda enorme en todo lo relacionado con Lydia.
Su teléfono vibró con un mensaje de Chase, y Althea se quedó mirando la pantalla más tiempo del habitual. Acababa de dejar a Josh con la señorita Spencer. El niño no había querido ir a la escuela; se aferraba a su madre después de tantos días separados. Por suerte, Chase lo había convencido la noche anterior de que, aunque todavía quisiera estar con ella, tenía que volver a clases después de casi tres días en Aethelis mientras ella cuidaba a Lydia.
Chase: “Espérame para recogerte. Hay algo de lo que necesito hablarte. Y no le hagas caso a lo que veas a tu alrededor. Si no fuera por la junta directiva de esta mañana, ya estaría en la escuela, a tu lado”.
El mensaje hizo que Althea frunciera el ceño. “¿Qué quiere decir con eso? ¿Por qué mandaría algo así?”
Escribió una respuesta rápida, pero cuando no obtuvo contestación, supuso que Chase había entrado a la junta. Sacudiéndose la inquietud, encendió el auto y manejó hacia la escuela, obligándose a retomar su ritmo diario: dar clases, sonreírles a los niños, animarlos, conversar con sus colegas.
Pero el ritmo se quebró en el instante en que entró a la sala de profesores. Los murmullos flotaban en el aire como pequeñas dagas.
—Lo vi en las noticias anoche... ¿será verdad? —susurró una profesora a otra.
—Dios mío, ¿quién lo hubiera pensado? Una mujer como ella, involucrada con un hombre rico. Dicen que es un CEO de Aethelis.
—Y sin ninguna vergüenza, también está enredada con Chase Miller. No sé si llamarla afortunada o descarada.
—¿Qué están diciendo? —espetó María con indignación—. Están hablando sin siquiera conocer la verdad, ¿no?
Althea se paralizó. No tenía idea de lo que estaba pasando.
—Pero casi todos los portales de noticias dicen que es verdad, que lo ha estado ocultando todo este tiempo —insistió otra—. Hasta hay fotos. Íntimas. De la señorita Althea con ese hombre.

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