—Solo te pido un mes. Un mes para ser tu esposa en serio —dijo ella en voz baja, pero sin rastro de duda.
Daven no respondió. Le dio un trago pausado a su café, como si necesitara ese silencio para procesar su petición.
—Si eso es lo que quieres en serio, déjame dejártelo claro otra vez.
Puso la taza en la mesa con fuerza. El golpe resonó más de lo debido y Althea sintió una punzada, como si fuera una advertencia. Aun así, no se achicó. Sentía que merecía crédito por no echarse para atrás.
Así que Daven se decidió: si ella quería jugar a esto, lo harían bajo sus reglas.
—No se vale arrepentirse.
—¿Cuándo dije que lo haría? —respondió Althea, manteniendo la calma a pesar de la inquietud que sentía. Aunque la mirada de Daven parecía quemarle la piel, se mantuvo firme. No iba a huir. Esta vez no.
Que el mundo dijera que estaba desesperada. Que era patética. La idiota más grande del mundo. No le importaba, mientras que...
—Prepárate porqu…
Su celular sonó.
La interrupción cortó sus palabras de tajo. Y, por supuesto, él revisó el aparato. En el mundo de Daven, una llamada no era solo eso; significaba dinero, negocios y poder en juego.
Al ver quién llamaba, se puso de pie.
—No puedo llevarte a casa. Tengo algo que resolver.
Y así, se fue.
Dejó a Althea ahí sentada, sin que ella supiera qué era lo que él estaba por decirle.
Tomó un taxi de regreso al edificio de la empresa, donde todavía estaba estacionado su auto. Después, sin pensarlo mucho, se fue a ver a Lydia. Quizás había alguna novedad sobre la casa o, al menos, sobre la venta.
Necesitaba algo a qué aferrarse, una forma de sobrevivir cuando por fin se fuera de la residencia Callister.
“Creo que no tengo oportunidad”, se dijo con amargura. “Prepárate, Althea. Es hora de empezar a empacar”.
***
Después de acomodar algunas repisas y cajones en la recámara, Althea se quedó dormida por el cansancio. Ya tenía varios de sus libros favoritos guardados en cajas. Decidió que lo mejor era estar lista, por si las cosas no salían como esperaba.
—Ay... —se quejó Althea, sintiendo el cuerpo adolorido. Tal vez durmió en una mala posición, quién sabe. Como sea, la incomodidad la despertó. También sentía la garganta muy seca.


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