Theo se removió en su asiento, incómodo, aunque no dijo nada. Daven también guardó silencio, con la mirada fija en la copa de vino intacta frente a él.
—Y ahora aquí estás —continuó Kate, con voz fría y firme—. Sentada llorando, como si nunca te hubieran querido. ¿Tienes idea de cuántas mujeres matarían por estar en tu lugar? Daven podría mantener a tres generaciones sin que tuvieras que mover un dedo. Pero en vez de eso, elegiste tu carrera, tus apariciones en televisión, y lo dejaste luchar solo por este matrimonio.
Vanessa aspiró con fuerza. Las lágrimas seguían cayendo, pero ya no eran parte de una actuación. Las palabras de Kate la habían herido.
—No trabajé porque no valorara a Daven —murmuró, luchando por mantener la compostura—. Solo… quería ser independiente. Habíamos acordado eso, ¿no, Daven?
—La independencia es algo bueno. Estoy segura de que Daven jamás se interpuso en tu carrera —respondió Kate, suavizando apenas el tono—. Pero no pierdas a alguien que te ama de verdad solo porque estás demasiado ocupada demostrando que puedes vivir sin él.
Vanessa agachó la cabeza, avergonzada. No había nada que pudiera responder; esas palabras la golpearon como un puñetazo en el pecho.
Felicia, que se había mantenido callada todo el tiempo, observaba a Vanessa sin inmutarse. Por alguna razón, presentía que esa conversación no duraría mucho más. Eran muchas las mentiras que Vanessa llevaba tejiendo desde hacía demasiado tiempo. Lo único que Felicia podía hacer ahora era esperar que su hermano mayor descubriera tarde o temprano lo que su esposa había estado haciendo a sus espaldas.
Al fin, Theo rompió el silencio. Su voz era serena, pero con un peso inconfundible.
—Entonces… ¿los rumores no eran del todo falsos?
Vanessa no dijo nada. Solo agachó la cabeza todavía más.
—¿No tienes nada que decir, Daven? —preguntó Theo, con la voz tensa y la decepción a flor de piel. Aún no lograba asimilar que esas acusaciones no venían de un rival ni de un extraño, sino de la propia Kate Callister. Se frotó la sien con frustración—. ¿Piensas escudarte detrás de tu madre?
—Nunca tuve la intención, ni le pedí, que me defendiera —habló Daven por fin—. Tal vez solo tiene el corazón roto, decepcionada de que la nuera que alguna vez adoró pudiera cambiar tanto.

Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: El Mes Que Fuimos Verdad