Cancún, la metrópoli más bulliciosa y próspera del sur. Era una ciudad a la vanguardia, donde sus habitantes vivían a un ritmo acelerado y bajo gran presión. Caminar entre sus altos rascacielos hacía sentir a cualquiera tan diminuto como una partícula de polvo.
Al llegar a Cancún, Arlet e Isabel se hospedaron en un hotel cinco estrellas local, eligiendo una suite de lujo. Esa extravagancia hizo que Arlet, acostumbrada a la austeridad, se preocupara por el costo de una noche y por eso dijo: "Realmente podríamos haber elegido una habitación doble."
"No te preocupes, esto es parte de los negocios de Maxi, no cuesta nada. Podemos quedarnos todo el tiempo que queramos." Comentó Isabel y luego sacó la tarjeta de la habitación del mostrador, sonriendo astutamente.
Arlet se quedó callada, mientras pensaba que los magnates, realmente eran para ser saqueados.
Al abrirse la puerta del ascensor, apenas salieron, dos guardaespaldas se acercaron bloqueándoles el paso.
"¿Qué sucede?" Preguntó Isabel con el ceño fruncido.
"Señoritas, este piso ha sido reservado, por favor, váyanse." Informó uno de los guardaespaldas.
Isabel y Arlet se miraron.
Isabel se rio y habló: "¿Cómo que ha sido reservado? No tenía ni idea."
El guardaespaldas explicó pacientemente: "Chicas, hay límites para seguir a las estrellas. Las celebridades son solo personas, no hace falta esto. Mejor regresen, y si no lo hacen, voy a tener que llamar a la seguridad del hotel para que las saquen."
Isabel sacó la tarjeta de su habitación y dijo: "Mira bien, esta es nuestra llave, estamos hospedadas aquí."
Al ver la tarjeta, los guardaespaldas les dieron paso.
"¿Podrían decirme quién se hospeda aquí esta noche?" Preguntó Isabel, movida por la curiosidad.
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