Erik retiró su mano con vergüenza y preguntó: "¿Puedo invitarla a desayunar mañana?" La mirada melancólica de Erik observaba a Iván fijamente, casi como si dijera 'si dices que no, tocaré la puerta de todos modos'.
Iván se quedó sin palabras, asintiendo continuamente: "Sí, claro."
No podía entenderlo, aquel chico siempre era tan distante con los demás, pero, ¿por qué era tan especial y pegajoso con esa chica, tanto que hasta era difícil de mirar?
A la mañana siguiente, Erik llegó justo a tiempo y lleno de entusiasmo, tocó la puerta de la habitación, pero no hubo respuesta después de presionar el timbre durante mucho tiempo.
"¿Qué pasa?" Preguntó Erik e Iván señaló hacia el monitor mientras decía: "No hay nadie en la habitación, probablemente salieron."
Erik miró la hora, apenas eran las siete y media de la mañana, por lógica deberían estar despertándose o aún en la cama, ¿cómo era posible que ya hubieran salido? ¡Eso no tenía sentido!
Erik se sintió decepcionado, pero Iván estaba contento, pues habían evitado un posible escándalo en los titulares.
En cuanto a Arlet, la chica en la mente de Erik, en ese momento había llegado junto a Isabel a una tienda de vino, ambas fueron guiadas por un camarero hacia un pabellón que había en el jardín trasero, el cual lucía clásico y elegante.
Al abrir la puerta, vieron a un hombre de mediana edad en medio de su desayuno, el cual no levantó la vista, en cambio, continuó sirviendo café y a la vez dijo: "Siéntense."
Las dos se sentaron frente al hombre de mediana edad.
"Señor Randon." Saludó Isabel.
Duncan Randon levantó la vista, les dio una mirada y sonrió, para luego decirles: "Aún no han desayunado, ¿verdad? He mandado a preparar algo para ustedes, coman primero y luego hablaremos."

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