El peso de la justicia caía implacable sobre los culpables. Uno a uno, los traidores eran conducidos fuera del recinto, el metálico tintineo de las esposas marcando el ritmo de su caída en desgracia. En el salón, la atmósfera se había vuelto densa y sofocante, mientras solo quedaban los miembros de las familias Velasco y Sandell.
Las miradas escrutadoras de los presentes se alternaban entre Alonso, Oskar y Fredrik, como buitres acechando a su próxima presa. El agente de la Agencia de Seguridad Nacional levantó un documento y, con voz grave y pausada, pronunció: "Fredrik."
"Alex, no puede ser..." murmuró Oskar, su voz quebrándose ante la revelación.
El rostro de Jörgen se contrajo en una mueca de dolor contenido. A pesar de que su instinto paternal ya le había advertido sobre esta posibilidad, escuchar el nombre de su hijo confirmó sus peores temores.
"No es necesario que continúen. Asumo toda la responsabilidad," declaró Fredrik, su mirada firme enfrentando a la audiencia.
"Lo hice por envidia hacia mi hermano mayor, aunque en realidad... caí en una trampa. No pretendo justificarme, solo pido discreción por Jaime y mi familia," manifestó Fredrik con una serenidad que contrastaba con la gravedad del momento.
"Hermano, hace veinte años, lo que sucedió con Arli fue mi mayor error. Aprovecho este momento para pedirles perdón, a ustedes y a ella. No busco absolución, solo ruego que mi familia no pague por mis errores."
Se giró hacia Jörgen y Oskar, su voz suavizándose: "Papá, Isaac, cuando me vaya, cuiden de Jaime y los demás. No he sido el hijo que merecían, y ya no podré estar para ustedes."
Jörgen luchaba por contener las lágrimas que amenazaban con desbordarse de sus ojos cansados.
"Alex, descuida, cuidaré de la cuñada y del pequeño," aseguró Oskar. Quería reprocharle su insensatez, pero al contemplar la profunda tristeza en su semblante, las palabras de reproche se desvanecieron en su garganta.
La atención se desplazó entonces hacia la familia Velasco. Todas las miradas convergieron en Alonso, por una simple razón: de la familia Velasco solo había dos representantes presentes.
Uno era Maxi, el otro Alonso.
Siendo Maxi quien dirigía la operación, la conclusión era evidente: Alonso debía ser el traidor.
"¡Les aseguro que soy inocente!" exclamó Alonso, poniéndose de pie con desesperación en su voz. "Ahora dirijo la familia Velasco, ¿qué sentido tendría traicionar mi propia sangre?"
Sus palabras fueron recibidas con miradas de desprecio. Después de todo, el jefe de la familia Varela también había resultado ser un traidor.
Arlet entornó los ojos, estudiando cada detalle del hombre en el escenario.
"Tú..." Maxi escrutó la figura con intensidad. "¿No estabas muerto?"
"Ja, ja, ja..."
Una risa siniestra resonó por el salón, erizando la piel de los presentes.
"Si tú sigues con vida, ¿por qué habría yo de morir?" La voz áspera se filtró a través de la máscara con un tono burlón.
Cuando los agentes de la Agencia de Seguridad Nacional intentaron reaccionar, la figura alzó una mano: "Quietos. Un solo movimiento y todo esto ardería."
Con un chasquido de dedos, las cortinas del salón se desplomaron, revelando su macabro secreto: una red de explosivos rodeaba todo el perímetro. El dispositivo en su mano tenía el poder de reducir el lugar a escombros en cuestión de segundos.

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