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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 76

—Doctora Alana.

Al escuchar esa voz conocida, se sintió inexplicablemente tensa. Se dio la vuelta y se encontró con la sonrisa amable de Marcos.

—Si me acompaña al piso de arriba para continuar con sus trámites, por favor.

Ella asintió, tomando una profunda bocanada de aire en secreto.

Acababa de divorciarse y ahora iba directo a casarse de nuevo.

Hasta a ella le parecía una locura.

Al llegar al piso de arriba, Caleb estaba sentado esperándola.

Tal vez era cosa suya, pero sintió que él se veía diferente a lo habitual.

No llevaba puesto su saco, ni corbata; solo vestía una camisa blanca que parecía de lo más sencilla.

La tela era sumamente fina, con cada pliegue impecable y entallado, como si hubiera sido preparada con meticuloso cuidado. Emanaba un brillo pulcro, limpio hasta rozar lo imponente.

Tenía el cuello desabotonado con cierta despreocupación, lo que resaltaba la línea esbelta y fuerte de su cuello. Sus rasgos profundos destacaban aún más con la sencillez de la camisa blanca, y desprendía un aura de ser un hombre intocable.

Al verla entrar, Caleb se ajustó las gafas con sus largos dedos, se levantó como todo un caballero y retiró la silla a su lado, invitándola con la mirada a sentarse.

Ella se acercó intentando mantener la calma, y pudo percibir en él una fragancia muy sutil.

A Caleb parecía gustarle mucho ese perfume.

No era fuerte ni llamativo; al igual que él, era frío y reservado, pero tenía un magnetismo propio.

Cuando vio los requisitos para la foto del acta de matrimonio, por fin entendió.

Él se había puesto la clásica camisa blanca, mientras que ella... sin pensarlo en absoluto... vestía toda de oscuro, casi de luto.

—Lo siento —se apresuró a excusarse—. No tengo experiencia en esto, no sabía que tenía que vestir de colores claros. Digo, ya he estado casada antes, pero... nunca tuve que tomarme la foto.

Hizo amago de levantarse.

—Si me das un minuto, seguro venden blusas aquí cerca, voy a comprar una rapidísimo.

—No es necesario —dijo él con voz fría.

Dos funcionarios se acercaron de inmediato para comenzar el trámite del registro.

En el momento en que estamparon el sello oficial, el estómago de Alana dio un vuelco. Era una mezcla de emociones tan compleja y caótica que ni siquiera sabía cómo sentirse.

Capítulo 76 1

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