Prefería confiar una vez más en la decencia humana y esperar que Lisandro no faltara a su palabra.
Como no podía dormir, se levantó muy temprano y fue a la oficina.
Comenzó a revisar detenidamente los expedientes de los candidatos a su equipo, uno por uno.
Marcos le había comentado que el Departamento de Seguridad Nacional ya había investigado a fondo a todos esos aspirantes.
Cuando se sintió un poco cansada, miró el reloj y vio que apenas era la hora oficial de entrada.
Le envió un mensaje a su padre. No quería que esto se alargara más, deseaba que firmaran el acuerdo de dividendos lo antes posible.
Gregorio no le respondió.
Fue a la pequeña cafetería de la oficina y se preparó un té para cuidar su estómago.
Los ventanales de cristal de la zona de descanso daban justo a la entrada del Departamento de Seguridad Nacional.
De pronto, vio el auto de Caleb detenerse en la puerta. Él se bajó y caminó hacia el edificio con su característico paso firme.
Alana se hizo hacia atrás instintivamente, sintiéndose incómoda sin razón aparente.
Admirar a alguien con poder era naturaleza humana, pero en su caso, lo que sentía era temor.
Volvió a su oficina. Al poco tiempo, llamaron a la puerta y entró una chica joven que se presentó de inmediato:
—Buenos días, jefa Alana. Me llamo Micaela y soy su nueva asistente.
Alana se sorprendió un poco, asintió y le sonrió.
—Buenos días.
—Este es su desayuno —dijo Micaela con una sonrisa amable, entregándole una bolsa térmica—. Hoy le preparé un sándwich, leche, huevo y un poco de fruta. Si tiene algún antojo especial para mañana, solo avíseme y me encargaré de traerlo.
—Muchas gracias —respondió Alana, algo abrumada—. Pero no hace falta que te tomes todas estas molestias.
—No es ninguna molestia, jefa. Es parte de mis responsabilidades.
Alana:
—...
—Soy enfermera y también tengo un diplomado en nutrición. El asistente Marcos me indicó específicamente que mi trabajo es organizarle la agenda fuera del laboratorio y asegurarme de que su salud esté en óptimas condiciones.
Al escuchar eso, Alana se quedó pasmada.
Si las órdenes venían de Marcos, eso significaba que venían directamente de Caleb.

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