Ella asintió con una sonrisa triste.
De pronto, su teléfono vibró. Era un mensaje de su suegra, Isabel Herrera, pidiéndole que fuera a la casa de la familia la noche siguiente.-
Doña Isabel siempre había sido muy buena con ella. Alana pensó que lo correcto era ir a informarle de su decisión en persona.
—Los resultados de mi última endoscopia aún no están listos. ¿Significa que algo anda mal? —preguntó ella, fingiendo tranquilidad, aunque un oscuro presentimiento no la dejaba en paz.
—Para nada —respondió Axel—. Mañana a primera hora lo reviso en el sistema, seguro hubo algún error en los mensajes automáticos.
Ella asintió.
A la mañana siguiente, recibió un mensaje de texto para una cita de seguimiento. Entró a la aplicación del hospital y vio que sus resultados de patología ya estaban listos.
Le escribió a Axel, pero él le contestó que estaba a punto de entrar a una cirugía de emergencia y le pediría a otro médico que revisara sus resultados.
Alana fue al hospital y entró al consultorio.
El médico la saludó e intentó darle largas, viéndose muy incómodo, sugiriendo que mejor esperara a Axel.
Ella sonrió con suavidad.
—Algo anda mal con los resultados, ¿verdad? No se preocupe, dígame la verdad.
—Los resultados indican cáncer —soltó el doctor, finalmente.
Al escuchar la palabra "cáncer", Alana sintió como si una bomba hubiera explotado en su cabeza.
Era como si sus cinco sentidos se hubieran desintegrado por completo en un instante.
Veía los labios del doctor moviéndose, pero no escuchaba ni una sola palabra.
Solo sabía, por la expresión en su rostro, que estaba tratando desesperadamente de consolarla.
Con gran esfuerzo, intentó recuperar la compostura, logrando escuchar:
—No se preocupe. En cuanto el doctor Vargas salga de cirugía, planificaremos el tratamiento más adecuado para usted.
—Gracias —logró decir con una sonrisa que más bien parecía una mueca. Al levantarse, casi se tropieza con la mesa. Salió del consultorio arrastrando los pies, sintiéndose vacía por dentro.
Quiso fingir que no había pasado nada, pero su estómago comenzó a sufrir unos espasmos terribles.
El dolor repentino fue como si unas manos invisibles se hundieran en sus entrañas y estrujaran su estómago con fuerza, haciéndola sudar frío en cuestión de segundos.
Yara le regaló una sonrisa brillante.
—Con Lisandro tan lastimado y yo sin poder acompañarlo, era obvio que necesitaba un reemplazo. Yo sabía mejor que nadie lo desesperada que estabas por él. Obviamente, eras la candidata perfecta.
Alana sintió que el aire se le quedaba atascado en los pulmones. Su rostro pálido perdió el poco color que le quedaba.
Al verla en silencio, Yara dejó caer toda su arrogancia:
—No te preocupes. Los Herrera son una familia respetable y Lisandro es un hombre de palabra. Le serviste durante tres años. Aunque no hayas logrado nada, por lo menos te esforzaste. Incluso si se divorcian, él se asegurará de que te vayas con las manos llenas.
*Qué lindo. Aunque no hayas logrado nada, por lo menos te esforzaste.*
Alana se rio con amargura y no dudó en responder:
—Pobre de ti, heredera Lozano. Qué difícil debe ser para una señorita de sociedad arrastrarse sin tener ni una gota de dignidad. Hablando de hacer sacrificios, yo jamás te llegaría a los talones.
Yara se quedó sin palabras. Su semblante cambió por completo, mirándola fijamente como si quisiera hacerla pedazos.
—Yarita, Alana.
Una voz a lo lejos rompió la tensión explosiva entre ambas.

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