El aire en la habitación pareció congelarse, y las orejas de Alana se encendieron como carbones.
—Perdón, yo... pensé que eras... Yo lo hago sola —tartamudeó, intentando inútilmente jalar el cierre de su espalda.
Caleb la observaba con esa mirada fría. Cuanto más se esforzaba, más patética se veía la escena. Sin pronunciar palabra, caminó detrás de ella, tomó la pequeña pieza de metal con la punta de sus dedos y la deslizó hacia arriba con un solo movimiento.
El suave roce metálico del cierre subiendo resonó con una claridad abrumadora en el silencio del cuarto.
Alana se quedó tiesa, mientras la voz gélida de él le acariciaba la nuca.
—No me subestimes, pero tampoco te sobreestimes a ti misma.
Ella se mordió el labio. Sentía como si la hubiera insultado, pero no tenía argumentos para defenderse.
Esa actitud estoica y desinteresada de él la hacía sentir como si ella estuviera armando un drama por nada.
—Me gusta la tranquilidad, así que los sirvientes no estarán merodeando por aquí. Somos socios; a partir de ahora, puedes pedir mi ayuda sin rodeos. Ayudarte a encajar en la familia Lozano es parte de mi deber.
Mientras hablaba, Caleb caminó hacia el tocador, tomó el collar de esmeraldas que la tía Otilia le había regalado, y regresó a posicionarse a sus espaldas.
—¿Me permites? —preguntó en voz baja.
Alana asintió. Tenía la espalda rígida como una tabla y el corazón le golpeaba las costillas como un tambor loco.
Los movimientos de Caleb eran precisos. Tomó los extremos de la cadena y los pasó alrededor del cuello de ella, concentrándose en enganchar el broche.
Su respiración cálida le rozó la nuca, provocándole una corriente de cosquilleos que le erizó la piel y le dejó la mente completamente en blanco.
En el instante exacto en que se escuchó el clic del broche, ella se apartó de un salto.
—¡Gracias! ¡Ya estoy lista! —soltó apresurada, y caminó rápido hacia la puerta.
Llegaron juntos al comedor.
Al verla, Julián Rojas se quedó atónito por un segundo, pero de inmediato se levantó a recibirla con una sonrisa y le entregó un ramo de flores.
—Felicidades.


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