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¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía romance Capítulo 2

De repente, una oleada de repulsión física le revolvió el estómago.

Alana sintió un dolor difuso. Sin poder respirar bien, se agarró el antebrazo.

Recordó aquel día en que tuvo un ataque de dolor de estómago y se desmayó en su consultorio sin siquiera darse cuenta.

Cuando despertó, estaba canalizada en el departamento de gastroenterología, y su antebrazo tenía un corte producto de la caída.

La enfermera le explicó que, al no encontrar información de emergencia en su expediente, le programaron una endoscopia y le pidieron que llamara a un familiar para que la acompañara.

Ella había llamado a Lisandro.

Lisandro prometió llegar enseguida, pero mucho tiempo después de que salió de la sala de endoscopias, él seguía sin aparecer.

Sentada frente a la sala, todavía bajo los efectos de la anestesia, su mente estaba más lúcida que nunca.

Al regresar a casa, Lisandro le ofreció una disculpa muy sincera.

Y ella le habría creído, si no fuera porque su teléfono se iluminó con una noticia de chismes sobre Lisandro acompañando a Yara a una clínica psiquiátrica.

Casi habría creído que él realmente tenía algo más importante que hacer.

Claro que sí. En el corazón de Lisandro, los asuntos de Yara siempre serían su máxima prioridad.

Mientras que ella siempre quedaría en el último lugar.

Cuando Lisandro vio que ella leía la noticia, le dijo sin prisa:

—Yarita no es tan fuerte ni tan independiente como tú. Tú eres mi esposa, no te molestes por alguien que está enferma.

En ese momento estuvo a punto de reírse a carcajadas. Solo un pensamiento cruzó por su mente: *se acabó.*

Alana volvió al presente. Miró por última vez a la íntima pareja y, sin sentir absolutamente nada, caminó tranquilamente hacia su consultorio.

—La doctora Alana se da muchos aires, ¿eh? —El director la atacó en cuanto la vio.

Alana no respondió. Habiendo llegado allí con influencias hace tantos años, ya estaba acostumbrada a los comentarios sarcásticos.

El director rodó los ojos y la apresuró:

—No pierdas el tiempo, ve a la sala VIP. La novia del gerente general pidió específicamente que la revisaras tú.

Con expresión serena, ella le entregó su carta de renuncia.

—Gracias por todo el apoyo, a usted y a mis compañeros.

—¿Planean celebrar la boda del siglo? ¿Habrá una nueva alianza entre la Corporación Águila y el Consorcio Herrera?

Lisandro solo sonrió sin responder, la tomó caballerosamente por los hombros para protegerla y se abrieron paso hacia la salida.

Las enfermeras que miraban las pantallas soltaron grititos emocionados, envidiando profundamente a esta pareja de ensueño.

Alana esbozó una sonrisa irónica y, sin más interés en el espectáculo, apartó la mirada.

Desde que Yara regresó, no se despegaban el uno del otro. Iban juntos a todos lados, exhibiéndose sin ningún recato.

Las revistas del corazón publicaban su romance de juventud como si fuera la trama de una telenovela exitosa.

Cuando los chismes explotaron, Lisandro solo le dijo a Alana con indiferencia:

—Como mi esposa, debes acostumbrarte a esta clase de noticias tontas. Los rumores mueren cuando llega la sensatez. No dejes que te afecte.

Y ella, en efecto, no dejó que le afectara.

La lucidez es algo muy valioso que solo se consigue acumulando cicatrices sobre heridas frescas, una y otra vez.

Se dio la vuelta para marcharse, pero de pronto vio a Lisandro acercándose hacia ella...

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